Durante una entrevista con «Diario El Salvador», el funcionario panameño consideró que ha habido avances en la integración de las naciones, pero que también hay retos para establecer una confederación como la que, en su momento, los antiguos libertadores como Bolívar y Francisco Morazán se plantearon. Destacó que el trabajo conjunto entre los Estados, respetando la soberanía de cada uno, permite lograr beneficios para sus pueblos en aras de su desarrollo.

¿Cómo evalúa las condiciones de integración y soberanía de los países de la región antes y después del Congreso Anfictiónico?

Una pregunta bastante interesante y con respuestas complejas. La historia de la integración de los países americanos comienza en Panamá en 1826, y es un camino largo que tiene adelantos y retrocesos; pero, en cierta medida, hemos avanzado bastante en 200 años desde que se forjaron nuestros Estados. Hay ciertos avances que se han logrado, sobre todo en Centroamérica con el SICA (Sistema de la Integración Centroamericana) y en suramérica con Mercosur. Esos son arreglos de tipo económico y político, que son más abarcadores, y hay otros mecanismos de integración. Unos que se enfocan en la parte política, está la OEA (Organización de Estados Americanos), que abarca casi todo el continente; CELAC (Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños). Ha habido varios mecanismos.

¿Qué factores habrían afectado la integración en aquel momento (1826) o en la actualidad?

En esta coyuntura nos encontramos frente a diferencias ideológicas bastante pronunciadas en América Latina. Hay países que se inclinan hacia la derecha y otros a la izquierda, y cada vez se adoptan, en algunos casos, posiciones más distanciadas; eso dificulta un poco la integración. En la década de 1820 no era tanto esa diferencia ideológica entre izquierda y derecha; lo que afectaba los propósitos de unidad era la suspicacia que había en torno a algunos liderazgos, problemas internos de algunos países. Algunos países tenían el temor que al formar parte de una confederación iban a perder soberanía, esos eran los temas que afectaban. Ahora son otras circunstancias, porque ahora reconocemos que una integración más estrecha y cercana produce beneficios a los pueblos; sin embargo, como dije, es difícil conciliar posiciones cuando hay diferencias no solo ideológicas, sino de tipo de gobierno. Hay países que tienen un sistema dictatorial y otros democrático.


¿Cuál considera que constituye ahora una iniciativa de integración como la que Simón Bolívar intentó establecer?

Hay muchos sistemas de integración, organismos multilaterales en América Latina que abarcan a los países de la región. Mencioné a la Organización de Estados Americanos, a la CELAC, al SICA; ayer [lunes] vine a una reunión aquí a El Salvador, al Proyecto Mesoamérica que abarca 10 países. También hay mecanismos de concertación política y otros con un componente económico, principalmente. Entonces, hay diversos formatos; lo que me llama la atención es que todo este sistema tiene su origen en el Congreso de Panamá. Podemos decir con mucha confianza que fue Simón Bolívar el impulsor y precursor de esa unidad latinoamericana.

¿Hay algún líder actual en la región con una visión integracionista similar a la de Bolívar?

Yo diría que a lo largo de los 200 años, desde que nos independizamos de España, han emergido liderazgos de tiempo en tiempo para promover esa unidad bajo ciertos criterios; primero que todo, ese principio de igualdad soberana de los Estados; jurídicamente todos son iguales. Ha habido líderes desde el siglo XIX. Ustedes en Centroamérica tienen una figura que ha sido muy importante desde el punto de vista de la historia compartida de los pueblos, Francisco Morazán. Se preocupó por esa unidad centroamericana que después se desquebrajó, pero eventualmente resurgió con otro formato, la Asociación de Estados Centroamericanos (ODECA), luego el Sistema de Integración Centroamericana. Hay un legado que dejaron estos grandes hombres que pensaron en la unidad.

El presidente Nayib Bukele se ha referido en algunas ocasiones al sueño morazánico de lograr una Centroamérica unida. ¿Cómo califica esta postura?

Es un sueño muy loable. Considero que hay un desafío importante desde el punto de vista político, como jurídico, y es el siguiente: cómo se mantiene la individualidad de cada uno de nuestros Estados y países y, al mismo tiempo, se logra una mayor compenetración. Y yo creo que la clave nos la da Bolívar cuando habla -esto lo dijo en 1822 en una carta al libertador Bernardo O’Higgins, de Chile- que su aspiración es formar una “Nación de Repúblicas”. Esa es la clave, me parece a mí; porque ese concepto de “Nación de Repúblicas” entraña en primera instancia que cada unidad mantiene su individualidad, sistema político, su identidad específica; pero, al mismo tiempo, se unen para crear una confederación. De alguna manera entregan a la confederación algunas facultades sin perder su individualidad e identidad para conseguir beneficios. ¿Cuáles beneficios?, una mejor educación, comunicación. Algunos de los proyectos en la región están preocupados por la interconexión eléctrica, ese es un beneficio a partir de la integración y que está avanzando gracias al espíritu de integración y cooperación. Reconocemos que, si caminamos en conjunto, vamos a conseguir beneficios que aisladamente no podemos tener para nuestros pueblos.

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