En el corazón de Salcoatitán, un distrito de Sonsonate Norte y destino que forma parte de la Ruta de las Flores, se alza una ceiba monumental con más de 300 años de vida. Este majestuoso árbol, de más de 30 metros de altura y un tronco que supera los siete metros de diámetro, es uno de los símbolos naturales más representativos de la localidad y testigo silencioso de la historia del poblado.
Según una leyenda local, la ceiba ubicada a unos 300 metros del parque central fue testigo de caravanas de carretas coronadas con candiles que en el pasado pasaban a las 3 de la madrugada y regresaban todos los días a las 10 de la noche, relatan los pobladores.
Aquellas carretas procedían de Sonsonate y transportaban los principales granos básicos y alimentos que también sustentaban a muchas familias de Salcoatitán.

Entre 1890 y 1948, este emblemático árbol sirvió como punto de resguardo y terminal para decenas de carretas, hasta la llegada del primer medio de transporte público a ese poblado.
Quienes visitan el lugar pueden descansar bajo el amplio follaje, disfrutar de la sombra, el silencio y la tranquilidad, o simplemente contemplar su imponente presencia.
«Es un árbol de historia, que nos representa como pueblo. Hay gente que desde que entra a Salcoatitán espera ver este árbol. Yo recuerdo que cuando era niño jugábamos canicas, luego recuerdo que bastantes personas se acercaban y tenían la curiosidad de tocar su tronco porque tiene un aspecto que llama la atención, hay personas que incluso guardan secretos sobre creencias relacionadas con esta ceiba», relató Herminio Najarro, un octogenario residente del lugar.

La ceiba florece cada siete años y en 2013 su florecimiento coincidió con la colocación de la primera piedra de la construcción de la plaza que ahora la rodea. Los pobladores lo interpretaron como una bendición del árbol hacia la obra.
Pero el árbol no solo guarda historia, sino también un toque de misticismo. Una antigua creencia asegura que si le hablas en náhuat, la ceiba te ofrece una dádiva, porque escucha el corazón del indígena y responde a la lengua de origen.

En una estampilla colocada en la plaza puede leerse la frase «Acércate a ella y repite: senka tlen noxojmatli», que significa en náhuat «muchas gracias».
Para la cultura maya, la ceiba representa «el árbol de la vida»: sus ramas simbolizan el cielo; su tronco, el plano terrenal; y sus raíces, el inframundo. Así, este árbol centenario continúa conectando los tres niveles del cosmos, al tiempo que mantiene viva la memoria y la identidad de un pueblo.






