«Vivir aquí en la comunidad era ver, oír y callar», comenta la presidenta de la comunidad Emanuel, Blanca América Acevedo, al relatar qué era vivir en dicha comunidad antes de la aplicación de las políticas de seguridad implementadas por el Gobierno del presidente Nayib Bukele, que ahora les permiten a las más de 460 familias de este colectivo de Santa Ana vivir en tranquilidad y sin el estigma de zona peligrosa que las acompañó por años.
Fundada en 2006 por familias evacuadas por la erupción del volcán Ilamatepec, la comunidad Emanuel se levantó en un terreno que perteneció al Ministerio de Educación (Mined), enclavado entre el Hospital Regional del Seguro Social y el bulevar Los 44.
Con el tiempo, los grupos terroristas también se apropiaron de la comunidad, que fue catalogada como zona roja por la presencia de estos grupos criminales que mantuvieron amenazadas y en zozobra a todas las familias que residen en esta colonia; además, impedían que personas ajenas entraran.
La expulsión de las familias de sus propiedades, los enfrentamientos armados, la desaparición de personas y los homicidios son parte de las historias de terror que vivieron las familias que, como dice su presidenta, solo les quedaba ver, oír y callar. «Quizá desde 2014 se volvió más peligrosa. La comunidad se convirtió en un punto donde la gente no quería entrar; vivir aquí en la comunidad era ver, oír y callar.

A veces nos tocaba encerrarnos temprano porque andaban los cipotes; era muy complicado, vivimos cosas tremendas», recuerda la presidenta comunal, quien dejó de vender pan en el mercado Colón por «recomendación» de la pandilla, ya que era zona contraria a la de la comunidad.
Pero con la llegada del presidente Bukele al Gobierno y su firme lucha contra los grupos terroristas, la situación empezó a cambiar para las familias de esta comunidad, y después de 16 años en la incertidumbre, el 19 de diciembre de 2022, a través del Ministerio de Vivienda, el Gobierno les entregó las escrituras de propiedad de los terrenos donde levantaron sus casas.
Con la entrada en vigencia del régimen de excepción, los integrantes de pandillas que mantenían amenazada y en zozobra durante años a la comunidad fueron encarcelados, incluso se implementó un cerco de seguridad para detenerlos.
«Cuando el presidente Bukele empezó el régimen [de excepción], cambió todo este ambiente y todo lo que venían haciendo, sacaron a los muchachos. Ahora la gente ya no tiene temor. El mayor cambio es que la gente ya piensa distinto sobre la comunidad; la seguridad nos ha cambiado la vida a todos», sostiene Acevedo.
NUEVOS NEGOCIOS
Con la seguridad también llegó el desarrollo y el florecimiento de nuevos negocios en la comunidad, integrada principalmente por trabajadores por cuenta propia.
Tal es el caso de Gisela Ivonne Cordero de Castillo, quien desde hace poco menos de dos años decidió poner una tienda en su vivienda, tras la confianza de que no sería extorsionada por los pandilleros.
«Antes no se podía trabajar así, había muchos inconvenientes, porque le pedían [dinero] a uno. Ahora ha sido bastante la evolución que he tenido, empecé con poquito, pero si hubieran estado las condiciones como estaban antes, no se lograba. Hoy es una gran mejoría para todos los vecinos, ahora ya trabajamos con más confianza, la ganancia le queda a uno, ha mejorado nuestra calidad de vida», dice Cordero.

Fátima Guadalupe Cristales, otra habitante de la comunidad, también se animó desde hace un año a emprender con una tienda para obtener ingresos que le permitan mantener a su hijo.
«Gracias a Dios, ahora ya uno puede desenvolverse en su negocio. La seguridad que tenemos nos permite desarrollarnos, antes no iba al mercado Colón por la zona donde vivimos, nos restringían bastantes cosas, ahora tengo clientes del Seguro [Instituto Salvadoreño del Seguro Social (ISSS)], de la alcaldía, que pueden entrar sin temor a la comunidad», señala la comerciante.
Tal era el temor que causaban los grupos criminales que Cristales recuerda que una noche su hijo se enfermó y tuvo que esperar hasta el día siguiente para llevarlo al hospital, debido al temor de salir en horas de la noche de su vivienda hacia el centro asistencial.
Apenas hace algunos años era impensable que los habitantes anduvieran libremente en la comunidad a ciertas horas, y menos las personas que residían en otros lugares, una situación que ahora ha cambiado.






