La ejecución de una política exterior orientada a prioridades concretas, cimentadas en seguridad, estabilidad, inversión, turismo, innovación y cooperación efectiva, hace que El Salvador se destaque en el plano internacional, consideró la ministra de Relaciones Exteriores, Alexandra Hill Tinoco. La canciller resaltó el protagonismo que el país ostenta ante la comunidad internacional a través del desarrollo de una diplomacia de alto nivel, soberana, de diálogo, que permite el reconocimiento del avance de El Salvador por parte de otros Estados.

Desde el ámbito personal, ¿cómo ha sido la experiencia de ser canciller?

Desempeñarme como canciller de El Salvador en este momento histórico ha sido una de las responsabilidades más grandes de mi vida y, al mismo tiempo, la más significativa. Es asumir el compromiso de defender en el ámbito internacional las decisiones soberanas adoptadas para garantizar los derechos fundamentales de nuestra población, incluso cuando esas decisiones son cuestionadas desde visiones externas que durante décadas toleraron o ignoraron la violencia estructural que vivió nuestro país.

Bajo el liderazgo del presidente Nayib Bukele, El Salvador tomó la decisión clara de priorizar el derecho más básico de todos, el derecho a la vida. Esa decisión redefinió nuestra política interna y, consecuentemente, el enfoque de nuestra política exterior. La diplomacia que impulsamos no se limita a la formalidad protocolaria; es una diplomacia de gestión, de incidencia y de resultados concretos que dialoga con gobiernos, organismos multilaterales y actores estratégicos desde una posición de madurez, respeto mutuo y defensa de la soberanía. Cada acción exterior responde a una visión clara de país, consolidar los avances internos, generar oportunidades reales y asegurar estabilidad de largo plazo para la población salvadoreña. Servir a El Salvador como canciller de la república exige convicción absoluta, determinación, claridad política y vocación de Estado. Desde el 1.º de junio de 2019 he asumido este privilegio y esta responsabilidad con pleno compromiso institucional, velando por una correcta estabilidad institucional y capacidad de decisión, elementos indispensables que son la base para una efectiva agenda de política exterior, gestión de la cooperación, atracción de inversión y promoción de la integración regional.

¿Cuál considera que ha sido el mayor avance en el área diplomática bajo las gestiones del presidente Nayib Bukele?

La diplomacia en nuestro país dejó de ser una figura simbólica para convertirse en una herramienta directa de transformación nacional. Hemos reposicionado la imagen internacional del país con base en hechos verificables, en particular, mejoras sustantivas en seguridad, credibilidad de la población en sus autoridades, recuperación de la gobernabilidad y un entorno favorable para la actividad económica e inversiones extranjeras. La ampliación de nuestra red diplomática y consular, la presencia activa en foros multilaterales y el fortalecimiento de relaciones estratégicas responden a esta nueva realidad, siempre enfocados en mejorar el bienestar de nuestro entorno social y económico, en función de las personas más vulnerables.

¿Cuál es la mayor o principal diferencia del papel que juega actualmente el país en el escenario mundial respecto a gobiernos anteriores?

La diferencia fundamental es que El Salvador hoy ejerce su autodeterminación y su soberanía de manera activa. Ya no actuamos internacionalmente desde la invisibilidad, ni desde una diplomacia condicionada por agendas externas que no generaban impacto real en la vida de la población. El país ha optado por una política exterior pragmática, orientada a prioridades concretas cimentadas en seguridad, estabilidad, inversión, turismo, innovación y cooperación efectiva. Esta postura implica tomar decisiones firmes, incluso cuando no son populares en ciertos espacios, porque responden a la responsabilidad primaria de velar y servir al bienestar de la ciudadanía salvadoreña. Este enfoque ha permitido que El Salvador pase de ser una estadística global asociada a crisis e inestabilidad a convertirse en un meritorio caso de estudio, analizado por muchos con atención y admiración. No se trata de una simple narrativa, sino de resultados. La transformación real de país ha redefinido la manera en que El Salvador es percibido y tratado actualmente en el escenario internacional.

¿Qué valoración hace del hecho de que El Salvador sostenga relaciones abiertas con países sin distinción de sistemas políticos?

Mantener relaciones diplomáticas abiertas con todos los Estados responde a una política exterior soberana, no ideologizada y orientada a intereses concretos. El Salvador de hoy no condiciona su diálogo internacional a sistemas políticos ni agendas sesgadas, sino a los principios de entendimiento y respeto mutuo, cooperación efectiva y beneficio recíproco. Este enfoque nos ha permitido diversificar alianzas, ampliar márgenes de acción y reducir dependencias históricas que limitaron por muchos años el desarrollo del país. La apertura hacia regiones no tradicionales, como el Oriente Medio y África, responde a una lectura estratégica del mundo actual y a la necesidad de construir relaciones más justas y equilibradas. El Salvador dialoga con todos, no se subordina a ninguno, y evalúa cada relación en función de resultados concretos y verificables para su población. Esa es la base de una política exterior madura y responsable.

Del trabajo realizado en la gestión 2019-2024, ¿qué acciones de la cancillería puede destacar?

Entre 2019 y 2024 en la cancillería ejecutamos una transformación institucional profunda orientada a resultados. Ampliamos la red diplomática, diversificamos alianzas estratégicas, potenciamos asocios para el comercio e inversiones y redefinimos la gestión de la cooperación internacional, alineando tales acciones a prioridades nacionales claras. Atendiendo la visión del presidente Bukele, colocamos a la persona en el centro de la acción exterior mediante la creación del Viceministerio de Diáspora y Movilidad Humana e impulsamos la modernización de los servicios consulares, con estándares de eficiencia acordes a las necesidades actuales. En el plano multilateral, El Salvador incrementó su participación en los mecanismos de diálogo y toma de decisiones, mejoró su posicionamiento internacional y fue elegido en posiciones de autoridad en diversos organismos, reflejo del restablecimiento de la credibilidad institucional.

Del trabajo realizado en la gestión 2024 hasta este momento, ¿qué acciones de la cancillería resaltan?

El sostenido relacionamiento bilateral de alto nivel, aunado a la realización de consultas políticas estratégicas, ha permitido transformar el diálogo diplomático en una mayor credibilidad de país, facilitando así el impulso de nuevas iniciativas de inversión por parte de nuestros países socios. Este proceso se ha traducido, además, en un fortalecimiento y un mayor dinamismo de la cooperación sur-sur y un posicionamiento internacional más efectivo.

¿Cuál le gustaría que fuera su legado como canciller?

Mi legado como jefa de la diplomacia salvadoreña será una cancillería valiente, propositiva y siempre al servicio de nuestra gente, guiada por la firmeza del ilustre José Gustavo Guerrero, nuestro compatriota y diplomático, que se plantó frente a los nazis en el Palacio de la Paz, y por la visión de nuestro presidente Bukele, que nos enseñó que la responsabilidad y la audacia van de la mano. Que cada acción de nuestra diplomacia refleje coraje, integridad y compromiso con el bienestar de El Salvador y de todos sus hijos, dentro y fuera de nuestras fronteras. Desde la humilde posición de canciller deseo un legado que haya contribuido a una patria más fuerte, más unida y digna de su gente, recordada por su nombre sagrado y por su espíritu inquebrantable.

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