Nunca pensó que una relación de casi 20 años con dos hijos, un adolescente de 16 años y una niña de ocho, le causaría a Marisela Yamileth Nerios Quintanilla, de 35 años, un daño que le cambiaría la vida por completo. En mayo de este año fue atacada por su esposo, que le cercenó las manos con un corvo y tuvieron que ser amputadas debido a la gravedad de las heridas.

Este hecho de violencia en contra de la mujer ocurrió en la lotificación Pamplona, del cantón El Socorro, en Zacatecoluca, La Paz Este, un episodio que no solo la marcó a ella física y psicológicamente, sino a los menores que presenciaron lo sucedido, principalmente el adolescente, que incluso fue el que le brindó los primeros auxilios, según cuenta.

El 28 de mayo ella presentía que algo no estaba bien con su pareja, Érik Alexánder Mejía Alfaro. Él le llamaba siempre, varias veces al día, el control que tenía sobre ella era así y que no lo hiciera era extraño, dice. Ese día no hubo mucha comunicación, aunque por la tarde logró comunicarse, él se escuchaba «chapetón», es decir, ebrio, comenta.

Llegó a traerla a la casa de su mamá en San Rafael Obrajuelo, donde ella trabajaba cuidando a la abuelita. Pese a que andaba bajo los efectos del alcohol, se la llevó en la motocicleta y en un bache, luego de pasar con velocidad un túmulo, se cayeron; ella logró bajarse e irse en bus, él le dio persecución y la llamó en todo el camino.

Agregó que al llegar a casa discutieron e intervino el hijo mayor, por lo que el agresor la agarró a puñetazos y el hijo logró separarlos, pero comenzó a golpearlo también dándose un forcejeo en el que el hombre resultó con un golpe en la quijada, lo que provocó su ira y que saliera a traer un corvo que andaba en la motocicleta.

Al ver eso, Marisela le gritó diciéndole que corriera, pero el menor al ver lo que sucedía se quedó inmóvil.

En ese momento ella se aproximó de prisa, haciendo que su hijo huyera hasta donde estaba la niña que se había adelantado, pero ella al intentar escapar hacia otro rumbo fue alcanzada por el sujeto y le ocasionó heridas en los brazos y otras partes del cuerpo que la mantuvieron casi 22 días ingresada en el Hospital Nacional Santa Teresa.

«Corrí, pero cuando sentí ya lo tenía cerca y si no me volteaba me iba a partir por la espalda. Cuando volteé venía un machetazo y me cortó los primeros tres dedos, pensé que él me hubiera dejado así. Ese fue el machetazo que sentí, los demás ya no recuerdo», manifestó.

LUCHA Y APOYO

A un poco más de cinco meses de lo sucedido relató que su recuperación ha sido dura, pero verse las manos y saber que su vida ya no es igual ha sido lo más difícil, es como volver a nacer, asegura. Enfrentó posteriormente ansiedad y momentos que pensó la llevarían a la depresión, pero sus hijos representan el motor más importante, más el apoyo médico y psicológico del Ministerio de Salud han sido importantes para aprender a vivir su nueva realidad.

Comenta que no vio los celos, el control, la violencia doméstica, económica y sus vicios como una amenaza real. Su añoranza de un hogar, «de llegar a viejitos como otras parejas», no separar a sus hijos del papá para que no le ocurriera lo mismo que a ella porque su padre tuvo que emigrar para buscar mejorías, tolerar la violencia por «la esperanza de que cambiaría», es lo que ahora identifica como las causas de su situación.

«Me decía: sin mí sos nada y yo lo había creído […]. En realidad no sabía que había tanto dónde pedir ayuda, psicológica principalmente, porque ahora vamos a una unidad de salud y ahí hay un psicólogo», comenta.

En solidaridad, la alcaldesa Marcela Pineda y el concejo municipal de La Paz Este acordaron brindarle una ayuda mensual de $700 a Marisela, una decisión unánime que está ayudando desde mayo a que ella pueda recuperarse y dar parte del sustento a su familia.

«Agradecerle a la señora alcaldesa Marcela Pineda por su ayuda y al concejo igual, pues sé que ella no puede tomar decisiones sola si el concejo no le aprueba. Estoy muy agradecida», comentó, a la vez que dijo que ya está a la espera de una cita con el Instituto Salvadoreño de Rehabilitación Integral (ISRI) para sus prótesis.

PROCESO JUDICIAL

Luego de que Mejía Alfaro cometió el delito huyó de la escena, pero desde ese momento las autoridades de la Policía Nacional Civil (PNC) iniciaron la búsqueda hasta que lograron capturarlo en poco tiempo y fue presentado ante la Fiscalía General de la República (FGR).

La entidad fiscal informó que el 6 de junio el Juzgado Primero de Paz de Zacatecoluca decretó instrucción formal con detención provisional por el feminicidio agravado en grado de tentativa en perjuicio de su compañera de vida, cuyo caso pasó al Juzgado Especializado de Instrucción para una Vida Libre de Violencia y Discriminación para las Mujeres de Cojutepeque, Cuscatlán Sur, a espera de la vista pública en la que han solicitado la pena máxima.

«Espero que se haga justicia, que pague lo que tenga que pagar. Sé que eso no me va a devolver las manos, pero quiero dar mi testimonio para evitar más casos como el mío, no quiero que otra mujer viva lo mismo que yo, que por miedo a cómo iba a sacar adelante a mis hijos no supe identificar la violencia que sufría, pero sé que las mujeres podemos sin necesidad de tolerar a un hombre así», afirmó la sobreviviente de violencia con dolor por lo pasado, pero con muchas ganas de salir adelante junto con sus hijos.

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