La mañana del 10 de octubre de 1986 quedó grabada en la memoria de Rafael Durán, un joven que en ese momento tenía de 16 años que tuvo que dejar por unos momentos a su familia para dedicarse a salvar la vida de personas que estaban atrapadas entre los escombros de los edificios colapsados por causa del terremoto en el centro de San Salvador.
Durán compartió las vivencias que pasó en aquel momento trágico, las cuales enfrentó con poco más de un mes de haberse incorporado a Comandos de Salvamento. Sin experiencia en el manejo de estas emergencias, pero con el deseo de querer ayudar a las víctimas se incorporó a las brigadas de rescate en la capital.
«Fueron momentos bien duros porque a mi edad y como era novato en la institución no sabía mucho; entré en septiembre de 1986 [a la institución], tenía como un mes de estar aquí», expresó.
Previo al terremoto del 86, la experiencia que tuvo en atención de víctimas fue durante los enfrentamientos que ocurrían en colonias de Apopa para la época del conflicto armado en El Salvador.
Esa mañana del 10 de octubre, Durán fue asignado a colaborar en el rescate de víctimas atrapadas en el edificio Rubén Darío, el cual se convirtió en el símbolo de la tragedia. Este socorrista aún recuerda el esfuerzo propio, de sus compañeros, particulares y soldados para ayudar a remover escombros.
El terremoto por ser considerado de baja magnitud: 5.7 en la escala Richter no generó mucha atención internacional inmediata, pero los daños serían catastróficos: 1,500 muertos, 10,000 heridos y 200,000 damnificados y cerca de $1,000 millones en pérdidas.
A pesar del terror y la incertidumbre que muchos salvadoreños vivieron, este socorrista asegura que los pocos instantes de alegría que tuvieron fueron cuando salvaron la vida de ciudadanos soterrados.
«Cuando ayudamos a sacar a alguien vivo de entre los escombros era una gran alegría, pero nos daba tristeza cuando encontrábamos personas fallecidas, los trasladamos a áreas donde había muchos», recordó Durán.
El momento que provocó cambios al viejo centro histórico, al hacer desaparecer bellos edificios fue a las 11:49 cuando miles de personas trabajaban o cruzaban el centro hacia sus destinos tras compras en el mercado o en almacenes.
Uno de los momentos más difíciles que este socorrista vivió fue cuando observaba personas caminando de un lado a otro llorando, afligidas, tristes y desconcertadas.
«Mucha gente no comprendía lo que estaba sucediendo, no entendían lo que pasaba en ese momento, nosotros también porque era un desastre nacional, fueron momentos duros para un socorrista, lo que se hizo fue tratar de ayudar a las personas que quedaban vivas y tratar de recuperar los cadáveres que estaban para que les diera sepultura», mencionó.
Los estragos causados por el terremoto provocaron que este socorrista también formara parte del listado de damnificados, pues el edificio donde residía junto a su madre quedó agrietado, por eso lo evacuaron y se instalaron en un predio cerca del parque Centenario, en la capital.
Su aporte, al igual que el de sus compañeros de Comandos de Salvamento y otras instituciones de socorro, sirvieron para rescatar con vida a niños, ancianos y mujeres que trabajaban en el Darío.
«Había gente que estaba viva en el Darío, golpeada pero viva, encontramos a varias», recordó Durán.
El esfuerzo de este socorrista, que este 2021 cumple 35 años en la institución, se prolongó por dos meses más, Rafael cuenta que dejaron de realizar labores de búsqueda cuando ingresó la maquinaria pesada, la cual dejó al descubierto cientos de cuerpos de quienes no pudieron salir del colapsado edificio Darío.
Por mucho tiempo, este socorrista mantuvo en secreto que formaba parte de la institución, su madre era de la idea que ese no era un lugar para él. «No le gustaba que yo estuviera acá, me llevó a la casa, pero a la media hora ya estaba de regreso», recuerda, al tiempo que ríe.
Actualmente es uno de los más experimentados rescatistas, su perseverancia le abrió oportunidades a tal punto capacitarse en Minnesota, Estados Unidos, en técnicas de emergencias médicas, y todo tipo de rescates; además, fue becado por la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID).
Esta preparación le ha permitido salvar la vida de muchas personas, como cuando en el incendio de las Tres Torres del Ministerio de Hacienda [julio de 2017] salvó dos vidas, una de ellas al ayudar a una señora embarazada; años después de esa tragedia ella lo reconoció y agradeció por su valentía.






