Son las 6:30 de la tarde del 12 de mayo de 2026, y Alejandro Flores, de 24 años, con más de una docena de muchachos de la residencial Vista al Lago, en el distrito de Ilopango, juegan fútbol en La Canchita, en un parque de la localidad recientemente renovado por las autoridades. Los jóvenes se divierten con toda tranquilidad, situación que hace cuatro años era impensable en este lugar, bastión por décadas de los Tecolotes Locos Salvatruchos (TLS) de la Mara Salvatrucha.
La jornada de juego comenzó a las 6 de la tarde y conforme pasaba el tiempo más niños, jóvenes y adultos se sumaron a la actividad, que en ocasiones se extiende hasta las 11 de la noche debido al clima de seguridad que gozan los habitantes de la urbanización desde finales de marzo de 2022, cuando el Gobierno de Nayib Bukele puso en marcha el régimen de excepción para atacar a las pandillas.

La confianza de los amigos de Alejandro para «echarse el partidito» y las familias que llegan al parque para ocupar los juegos infantiles no ocurrió por años porque la MS acosó a los habitantes y asesinó con crueldad a policías, militares, pandilleros contrarios, mujeres, vigilantes y a personas que representaban un peligro para la estructura terrorista.
Una de las investigaciones de la Fiscalía General de la República (FGR) reveló que los pandilleros mataron en el interior de casas, en patios, predios baldíos, canchas de fútbol y parques. Lo hicieron por desconfianza, por odio a las víctimas que eran parte del sistema de justicia y por diferencias entre la mara.
«Por lo que había antes [maras] a altas horas de la noche o incluso a esta hora [6:30 p. m.] no se podía venir aquí a jugar o pasar el tiempo, incluso las familias no dejaban salir a sus hijos. Y ahora, con este cambio, pues, realmente hoy usted puede ver que hay jóvenes jugando a las 10 de la noche, 11 de la noche, no va a ver ningún tipo de problema, porque ya la familia se siente más tranquila con sus hijos de que pueden ir a jugar libremente. No pueden correr ningún tipo de riesgo», comentó Alejandro.

El joven recordó los tiempos «delicados» en los que casi nadie llegaba a La Canchita porque el lugar no se usaba para jugar fútbol, sino como un punto de encuentro de los pandilleros de la TLS para planear los diferentes ilícitos. La situación se complicó para los jóvenes pues los dejaron sin espacios para la recreación y la casa se convirtió en un tipo cárcel, pero un lugar seguro que los mantuvo a salvo de la violencia y el acecho pandilleril.
El joven relató que entre 6:30-7 de la noche, las calles de Vista al Lago eran solitarias antes del régimen de excepción, pues la mayoría de las personas estaba en sus viviendas. «Ya a las 6:30- 7, ya usted no iba a ver jóvenes en la calle. En mi caso y el de mis hermanos solo fue estudiar, prácticamente, y a la casa. Y era poco lo que podía salir, realmente solo era estudiar e irme a la casa. No había un momento de recreación; yo viví en carne propia lo difícil de vivir acá».
El muchacho agradeció los consejos de sus padres y sus decisiones para no ser seducido por la pandilla y disfrutar los tiempos de paz que se viven en su comunidad. «Hoy en día esto ha cambiado. Ya hay espacios de recreación para los jóvenes, porque hoy ya tienen un pasatiempo, una paz, pueden salir a cualquier hora y andar más tranquilos», enfatizó.

Mientras se desarrolla el partido de fútbol, Yaneth Meléndez, junto con su hija, su sobrina y su madre juegan en un sube y baja (un balancín). La señora comentó que se mudó a Vista al Lago desde Altavista hace tres años, por las mejoras en seguridad y con el objetivo de que su negocio de frutas y verduras creciera.
«Compramos casa aquí porque es más seguro, antes a esta hora no se podía ni salir. Entonces, ahora yo siento que es mucho mejor, los niños son más libres, pueden jugar, pueden andar en la calle, mientras que antes tenían que estar encerrados porque no se podía salir para nada», contó la lugareña.
Meléndez recordó que cuando visitaba a sus familiares en Vista al Lago tenía que avisarles para que la esperaran en un punto determinado para no tener problemas con la mara.

DANDO FE DE LOS CAMBIOS POR LA SEGURIDAD
Nancy Miranda y su familia fueron víctimas directas de la pandilla. Un día, los mareros entraron a su vivienda y les robaron varias pertenencias, entre ellas una cámara fotográfica profesional que utilizaba en sus prácticas cuando era estudiante de Comunicaciones.
«Los mareros llegaron y seleccionaron las cosas de más valor. Mi esposo, mi niño, que en ese momento tenía tres meses, y yo, estábamos al centro, solo veía que se llevaban todo, no pudimos hacer nada porque en ese momento la justicia no investigaba ese tipo de delitos, igual más tardaríamos en denunciar que en que nos fueran a buscar a la casa y nos mataran», lamentó.

La lugareña comentó que nunca se imaginó ver el cambio brindado por las medidas de seguridad que hasta le permitieron comprar una casa que estaba usurpada y tener su negocio de variedades. «Solo los que vivimos el infierno de las pandillas damos fe de que el plan de seguridad trajo cambios», afirmó.
Miranda aseguró que vivir en Vista al Lago ya no es sinónimo de miedo, muerte y violencia sino de prosperidad. «Me siento feliz porque ya puedo estar en un ambiente seguro, tranquilo, y puedo seguir prosperando con mi negocio, tanto como para mí, para mi familia, como para todas las personas que vivimos acá».
Con respecto a que su hijo y sus dos sobrinos crecerán en un ambiente libre de pandillas, Miranda manifiesta que le da esperanza porque en el pasado era preocupante, los niños no podían salir ni a la puerta por el temor a una bala perdida u otra agresión de los grupos terroristas.
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