Hace 14 años, Jannet Rodríguez ingresó por primera vez a la Cruz Roja Salvadoreña (CRS) para apoyar como socorrista. En esa ocasión, un amigo de la iglesia la motivó a ingresar a la institución, pero a medida que empezó a desempeñarse le gustó ayudar a la población salvadoreña, por lo que la institución se convirtió en su segundo hogar.

Rodríguez continuó apoyando hasta ser la jefa de brigada, es decir que coordina un grupo de socorristas que hace tur – nos de 12 horas cada dos semanas para atender emergencias.

Aunque se sentía plena ayudando a las demás personas, incursionó en la conformación formal de la primera brigada canina de la CRS. De acuerdo con la socorrista, siempre ha tenido un profundo respeto y cariño por los animales, por lo que apoyar la creación de la Unidad Canina K-ZAR fue una acción que cumplió con mucho compromiso.

K-ZAR se creó hace tres años, cuando ella y un grupo de socorristas salvadoreños fueron a Panamá a certificarse, y al regresar presentaron el proyecto de la unidad canina, el cual fue aprobado. A partir de ese momento empezaron a entrenar perros, y la unidad hoy cuenta con cinco canes labradores, de los cuales dos son machos y tres hembras.

De estos, ella es la tutora de Alpha, un labrador negro de 18 meses que se ha convertido en su fiel compañero desde que fue seleccionado para ser perro rescatista, cuando tenía tres meses. «Hay tres etapas en el entrenamiento que duran dos años: obediencia, agilidad y simulación de búsqueda. Los labradores cumplen con todas las cualidades para ser perros de rescate, pues son de talla mediana, su pelaje no es muy largo, son emocionalmente equilibrados y conscientes de su tamaño. La especialidad de ellos es la búsqueda de personas en edificaciones colapsadas», explicó Rodríguez.

Por lo tanto, la unidad canina es una extensión de rescate de la Cruz Roja Salvadoreña, que cuenta con equipos más capacita – dos para encontrar personas. Sin embargo, para ella fue difícil equilibrar su labor de rescatista, su vida familiar y su trabajo, ya que es licenciada en Comunicaciones y trabaja en la oficina de un ingeniero industrial.

«En un inicio fue difícil porque trabajaba tiempo completo, pero hoy trabajo medio tiempo. Puedo decir que, si no tuviera el apoyo de mi familia, de mi jefe y de la Cruz Roja, no lograría equilibrar todo lo que hago en mi vida. Los fines de semana entrenamos con los perros y debo cumplir los turnos», indicó.

Ella vive en Soyapango con su familia, Alpha y su otro perro, Dante, un labrador de cinco años. A pesar de que el esfuerzo es grande, consideró que el agradecimiento de las personas auxiliadas es la mayor recompensa. Además, con su labor busca inspirar a más niñas y mujeres a las que les gustan las tareas de rescate para que sigan sus sueños y no se limiten.

«Las mujeres son capaces de lograr lo que se proponen, son fuertes y valientes. Invito a las niñas y jóvenes a que se desarrollen en los ámbitos profesionales que desean y que no se rindan porque pueden lograrlo», concluyó.

Lee tambiénJóvenes ganan medalla y menciones honoríficas en la Olimpiada Británica de Biología