El distrito de Turín, en Ahuachapán Norte, fue durante años una de las localidades marcadas por la violencia de las pandillas, que sembraron miedo con los asesinatos, las amenazas, las extorsiones y el control territorial que delimitaba fronteras invisibles, donde cruzar significaba la muerte.
Los pobladores aún guardan re cuerdos amargos de esa época, marca da por hechos violentos que reflejaron el poder que ejercían estas estructuras criminales sobre la población civil.

Uno de los casos que conmocionó a la comunidad ocurrió en mayo de 2021, un año antes de la implementación del régimen de excepción.
Al mediodía, el propietario de una tienda fue asesinado en su negocio, en una de las entradas principales del distrito, en la carretera Panamericana, que dirige hacia el sector conocido como Puertas Negras.
Las autoridades informaron que el crimen se produjo luego de que la víctima se negó a pagar la extorsión.

Meses después, el 16 de julio del mismo año, otro hecho estremeció a Turín y al país. En una quebrada, a un kilómetro del Centro Escolar Cantón El Anonal, al noreste de Ahuachapán, fue ron localizados los cuerpos de cuatro estudiantes, quienes vestían su uniforme azul y blanco.
Los jóvenes fueron asesinados a balazos, y posteriormente las autoridades capturaron a tres pandilleros vinculados con el crimen.
Cuatro años después, la historia que se cuenta en Turín es distinta.

Gracias a la estrategia de seguridad implementada por el Gobierno del presidente Nayib Bukele, las estructuras criminales de la MS y la pandilla 18 fueron desarticuladas, lo que ha permitido que la localidad recupere la calma que por décadas le arrebataron.
En Turín, los negocios ya no pagan extorsión. Los vendedores informales, que antes no estaban exentos del aco so, ahora recorren las calles con libertad, llevando sus productos hasta la puerta de las viviendas.
En las calles se observa a comerciantes de frutas y verduras desarrollando su labor con tranquilidad, algo impensable en años anteriores.
Miguel Ángel Escobar, de 83 años, ha dedicado más de 40 años a la venta de frutas y verduras en una carreta. Relata que durante los años de dominio pandilleril vivió con miedo constante.
«Salía de mi casa sin saber si iba a regresar. Sufrí amenazas, asaltos y mucha incertidumbre», recuerda.
Escobar agradeció el cambio que vive el distrito. «Gracias a lo que ha hecho el presidente Bukele ahora es difícil contar ese tipo de historias. Trabajo en un lugar seguro y hay más patrullajes policiales, lo que nos da mayor confianza de no sufrir hechos delictivos», afirmó.
También expresó su gratitud de forma emotiva: «Agradezco todo lo que hizo el presidente Bukele, guiado por Dios, para mantener un país libre de malos que asaltaban, mataban y pedían dinero. Yo sufrí mucho, pero había que trabajar para comer. Hoy eso ya no se vive, ahora hay una bonita tranquilidad y policías cuidándonos».
Una percepción similar comparte Arístides Calderón, vendedor de pescado, quien explicó que, aunque no es originario de la localidad, hace tres años decidió retomar sus ventas en la zona. «En 2020 fuimos amenazados solo por ser de otro lugar», recordó.
Calderón describió a Turín como uno de los sitios más peligrosos en aquel entonces. «Este era uno de los lugares más crueles, aquí mataban y se metían mucho con la gente trabajadora. Pedían dinero. Si el presidente no hubiera mejorado la seguridad, nunca hubiéramos regresado», expresó.
Actualmente, el parque central refleja el cambio. Familias y adultos mayores aprovechan la boscosidad del lugar para disfrutar la brisa matutina y descansar, una escena cotidiana que durante el dominio de las pandillas resultaba imposible.
Turín pasó de ser un distrito asediado por el miedo y la violencia a convertirse en una localidad donde el comercio, la convivencia y la tranquilidad han vuelto a ocupar los espacios que antes controlaban la MS y el Barrio 18.






