No quería hacer referencia a exposiciones llenas de locuras y de odio contra todo un pueblo que ha sufrido la crueldad de las balas por más de 40 años en los que a más de 200,000 ciudadanos les arrebataron la vida violentamente.
Esto significa hijos, esposos, padres, abuelos, amigos, conocidos, gente religiosa y académicos. Y, realmente, no ocupo mi tiempo en oír, ver o leer a gente que le lleva la contraria a casi 7 millones de salvadoreños honestos y honrados. Analicen las encuestas.
Pero, ante comentarios de amigos y compañeros asombrados por palabreríos recientes en Europa, y de plumíferos autodenominados «incómodos», amerita que los retome en mi columna con reflexiones y preguntas, tomando en consideración las exposiciones de estos insensatos socios del crimen y protectores de criminales que, obviamente, tienen cauterizada la conciencia y mueren por el billete verde o euros, y además, vierten sus ponencias como ríos contaminados en otros continentes.
Está claro que por la plata baila el mono. Oenegés, políticos con sueños de presidencia, faroleros y sus secuaces, distribuidos en medios digitales que nadie sigue, entienden lo que digo. Y eso, al final, es lo que los ciudadanos inocentes saben. Entonces, hago las siguientes interrogantes que solo tienen respuestas simples, de vida.
¿Vivíamos en seguridad los salvadoreños durante la «dinastía» ARENA-FMLN?, ¿cuántos salvadoreños fueron asesinados todos los días después de la «firma de paz»?, ¿son consideradas masacres la pérdida de vida, con lujo de barbarie, de 11 trabajadores en San Juan Opico, y la de 17 salvadoreños que regresaban de sus trabajos y centros académicos y fueron calcinados dentro de un microbús en Mejicanos?, ¿es normal que más de 1,200 niños menores de 12 años fueran utilizados para actividades delictivas?
¡Cuántas niñas y mujeres fueron obligadas a prostituirse para beneficio de los «angelitos» de oenegés y faroleros! ¿Cuánta niñez fue violada?, ¿cuánta fue obligada a portar un arma para cometer más de 47,000 delitos?, ¿cuántas niñas fueron convertidas en mujeres de los cabecillas de maras y pandillas? ¿Cuántos propietarios de tiendas, comercios, zapaterías, panaderías, talleres, entre otros, fueron asesinados por no «cumplir» con el pago de «renta»?, ¿cuántos tuvieron que cerrar para proteger a sus familias?, ¿cuántos fueron obligados a abandonar sus casas, dejando todas sus pertenencias? ¿Cuántos niños y jóvenes no pudieron cumplir sus sueños porque mareros y pandilleros truncaron sus vidas? ¿Cuántos motoristas y cobradores del transporte público fueron asesinados?, ¿cuántos trabajadores de servicios a domicilio nunca llegaron a su destino?
¡RESPONDAN, ENEMIGOS DEL PUEBLO SALVADOREÑO!
Me quedaré hasta ahí, pues es una lista larga que contiene el «testamento» de las maras y pandillas. Sí, me refiero a la «herencia» de los asesinos, esos a quienes tanto defienden los políticos, plumíferos, abogánsters, loqueros, religiosos que ni ellos mismos creen lo que predican y navegan con una falsedad que rebalsa por sus poros.
La sociedad sabe que maras y pandillas tuvieron la venia y financiamiento de los gobiernos areneros y efemelenistas, con el apoyo de los partidos pequeños bisagras, principalmente de Rodolfo Parker. Que les permitieron tomar el control de todo el territorio nacional a costa de las vidas de cientos de miles de salvadoreños y en detrimento de policías y militares. Que financiaron, con dinero del pueblo, el fortalecimiento de la pandilla del barrio 18 y sus corrientes, así como el de la MS-13, las cuales pasaron de ser grupos de estructuras territoriales pequeñas a convertirse en un corporativo criminal con 32 programas y 230 clicas en todo el territorio salvadoreño.
Que robustecieron el «testamento» de estos asesinos del pueblo, o sea, el «reglamento interno estricto» que los llamados «líderes» usaron para adoctrinar a sus bases. Claro, fue para mantener su estatus y hacer que sus integrantes ejecutaran todos los delitos en contra de toda la sociedad. Todo esto sucedió cuando areneros y efemelenistas hacían engrosar las cuentas de sus empresas de seguridad para, ja, proteger residenciales.
¡Cuánto pagaron salvadoreños a la entrada de un portón para «vivir» con cierto grado de seguridad! ¡Cuánto pagaron empresas para asegurar que no fueran objeto de incursiones de terroristas! Las cárceles siempre fueron «divertilandia», donde los cabecillas la pasaban de lo lindo con alcohol, drogas, mujeres, orquestas y millones de dólares que les proporcionaban en bolsas negras los «mediadores», sí, esos que ahora se dan golpes de pecho diciendo que hacían «labor» en favor del pueblo.
Socios del crimen son, cómplices de asesinatos, desapariciones, secuestros, violaciones y extorsiones. La Fiscalía General de la República ha hecho realmente investigaciones a profundidad y está presentando ante tribunales pruebas documentales, periciales, más de 600 escuchas telefónicas y testimoniales contundentes que están demostrando todos los crímenes de lesa humanidad ejecutados por estas estructuras criminales.
¡Son más de 200,000 asesinados y miles de desaparecidos! Informes escalofriantes sobre el actuar de estos criminales son conocidos por medio de la prensa informativa. El pueblo ha sufrido en carne propia todo lo que sale a luz. Entonces, ¿por qué la insistencia de «periodistas», de políticos nauseabundos, cabecillas de oenegés, abogados y religiosos para que se libere a los asesinos del pueblo? Respondo. Luchan por volver al control territorial de maras y pandillas, simplemente porque extrañan las «mentas» y «sobresueldos».
Luchan para que El Salvador vuelva a ser finca de poderosos que llenen sus bolsillos. Bueno, en todo esto, el ijillo que proviene de los hígados de las empresas de escribientes de Santa Elena y autoexiliados violinistas cada vez es más fuerte. El pueblo los detesta. ¿Credibilidad? Cero. Consuelo: el testamento de la MS-13 los abraza.
Pero, el pueblo inocente está dando jaque mate a lo inservible en esta nueva historia de paz y libertad. El corazón del testamento de mareros y pandilleros lo conforman ustedes, todos sus defensores, principalmente aquellos que andan en ruleta internacional hablando «en nombre» de un pueblo. Por favor. El verdadero pueblo grita: 93 % aprobación y respaldo a Nayib Bukele, en siete años de gobierno. La gente inocente e inteligente quiere a un Nayib en sus naciones. Sin palabras.






