El Salvador es un país con pocas o nulas oportunidades para el desarrollo de la juventud. Existen altos índices de desempleo en varios ramos, y una opción posible para que los salvadoreños progresen es el emprendimiento.
Pero ¿qué significa emprendimiento? Es un neologismo y se emplea como la forma hispanizada de la voz inglesa «entrepreneurship», la cual significa capacidad de organizar, manejar y asumir los riesgos de los negocios de una empresa.
Según la política de emprendimiento de Conamype de 2014, en la pág. 9, La Tasa de Actividad Emprendedora (TEA), del estudio internacional de emprendimiento, en El Salvador la tendencia de la población a emprender es por necesidad o por generar ingresos para la vida, con respecto a los que buscan hacerlo por oportunidad en el mercado. No representa una diferencia muy marcada: un 35 % lo hace por necesidad y el 39 %, motivado por la oportunidad de mejorar. Comparado con los promedios de Latinoamérica, las cifras son 22 % de emprendimiento por necesidad y 51 % de emprendimiento por oportunidad.
Sobre este tema decidí platicar con un joven emprendedor de la ciudad de Santa Ana, llamado Raúl Estefano Murillo Graniello, de 28 años, con estudios de Diseño Gráfico y propietario del hotel y restaurante Villa Nápoli. Inició su negocio en agosto de 2019, ha logrado sobrevivir a la pandemia y ha mantenido la estabilidad laboral de 16 empleados. Su idea de negocio inició desde los 12 años; sin embargo, su segunda experiencia laboral en un «call center» lo marcó para hacerlo madurar y definir su proyecto de vida. Ahorró para invertir en la construcción de una habitación y así fue como comenzó la idea del hotel y luego su restaurante ubicado en el mismo terreno. Su sueño es crecer aún más.
Debido al agrado que me motivó conocer su caso, le hice algunas preguntas.
—¿Recibiste apoyo para realizar tu proyecto?
—Sí, el de mis padres.
—¿Has acudido a alguna institución financiera para mejorar tu negocio?
—Sí, pero a la fecha no he encontrado mayor apoyo y considero necesario que nos den asesorías de cómo manejar o administrar un negocio, pero es difícil encontrar apertura en las instituciones.
—¿Cuál es el llamado que le haces a la juventud que quiere emprender?
—Que no tengan miedo a aventurarse y probar para ver si funciona.
Esta bonita plática con Raúl Estefano me deja un claro ejemplo de que querer es poder, pero que los desafíos que enfrenta un joven no son nada fáciles. Hay quienes no tienen un fondo semilla para invertir y no existe una política nacional de financiamiento acertada que beneficie a los jóvenes emprendedores.
Propongo que las instituciones financieras estatales y no estatales incluyan en sus oportunidades financieras a jóvenes a los que puedan beneficiar con capitales semillas para el emprendimiento de su negocio. Los jóvenes deben ser apoyados, no darles la espalda. Promovamos su desarrollo.






