A mediados de 2019, una imagen en la que una pequeña jugadora salvadoreña de baloncesto aparecía a la par de una colega estadounidense le dio la vuelta al mundo.
La que estaba en esa fotografía era Nicole García, una de las bases de la selección nacional que participaba en el premundial sub-16, evento que reunía a los mejores ocho combinados del continente. La estadounidense que estaba a la par de Nicole fácil le sacaba 35 centímetros de estatura de ventaja.
El marcador de aquel juego reflejó una paliza. Y muchos se quedaron con eso, nada más. Fueron pocos, escasos, los que dimensionaron adecuadamente lo que ahí había pasado.
Cuando llegamos a la presidencia de la Federación Salvadoreña de Baloncesto (Fesabal) en 2013, estábamos conscientes de que se necesitaba un cambio radical en esta disciplina deportiva. Queríamos devolverle el estatus del segundo deporte en nuestro país, incluso el de rey de la etapa estudiantil.
La primera apuesta fue arriesgada: formar una liga profesional robusta, atractiva para los patrocinadores y para los medios de comunicación, que sirviera como techo para esos chicos que, al terminar su etapa colegial, se quedaban sin la posibilidad de dar el salto y encontrar una oportunidad de vivir del deporte. Y así fue como nació la Liga Mayor de Baloncesto (LMB).
Una vez consolidada esta iniciativa y sabedores del potencial que las salvadoreñas tienen para practicar este deporte, lanzamos también la Liga Mayor de Baloncesto Femenino (LMBF). Y a la par buscamos cambiar el apoyo a las selecciones nacionales.
Desde 2013 hicimos grandes gestiones para impulsar el baloncesto, para sacarlo del vacío en el que se encontraba y poder regresarle la confianza de todos los sectores. Juntamos a las mejores jugadoras, las apoyamos; y en el masculino logramos convencer al hombre más alto de El Salvador, nacido en Los Ángeles, pero de padre salvadoreño, que hizo pretemporada con los Lakers de la NBA y quien mide 2.16 metros, para que jugara con nuestra selección. Con esos combinados logramos, prácticamente de entrada, un resultado histórico para nuestro baloncesto: una plata masculina en los Juegos Centroamericanos de 2013. Las chicas, por su parte, no se quedaron atrás y trajeron un bronce. Además, logramos platas en los «final four» (cuadrangulares regionales).
Después de ese año, y luego de haber creado la LMB y la LMBF, y buscando mejorar lo hecho ese año, trajimos a Ray Santana, un entrenador español con amplia experiencia en selecciones femeninas en México, actores frecuentes de los eventos regionales y mundiales. Ray, quien ya había visto la calidad de las basquetbolistas salvadoreñas, aceptó el reto. Pero en 2017, en los Juegos C. A. en Managua, nos fue mal, muy mal. Las veteranas del equipo se dejaron influenciar por otros intereses y nos obligaron a enfrentar ese torneo con un nóvel equipo, con varias jugadoras menores de 15 años.
Las críticas llegaron porque el resultado distó mucho de lo planeado. Me frustré, pero, una vez superada la rabia, recordé que los tiempos de Dios son perfectos. Decidimos trabajar un proyecto a largo plazo que nos permitiera mirar hacia el futuro y soñar. Dejar atrás a las que en algún momento decidieron anteponer otros intereses y apostar por ese sueño, el sueño que nos ha permitido, por ejemplo, clasificar a tres premundiales en categorías infanto-juveniles. Esos premundiales reúnen a las mejores ocho selecciones del continente americano. Es decir, hemos estado entre los mejores ocho combinados de los 43 que compiten en América y dos ocasiones en sub-16 y una en sub-18. Todas en la rama femenina.
El miércoles pasado se inauguró en nuestro país el Centrobasket femenino, clasificatorio para el FIBA Women’s AmeriCup 2021. En otras palabras, el premundial mayor para nuestro continente. Ahí, nuestra selección femenina dio un paso gigante al derrotar 79-84 a la poderosa Costa Rica.
Chicas con experiencia, incluso jugando en el extranjero, algunas en Estados Unidos y otras en México, se han sumado a la base de esta selección, formada por jovencitas que han estado en los premundiales infanto-juveniles que les comenté antes. Una de ellas es Nicole García quien, a sus tiernos 18 años, no arrugó la cara cuando Ray Santana la mandó a la duela para darle descanso a Maru Méndez, la pasadora titular. Nicole dio muestras de su calidad tanto al armar las jugadas como al poner la pausa y lanzar desde la línea de tres puntos.
Tanto a Nicole como a mí, el deporte nos está brindando la oportunidad de revancha. Estamos claros de que aún falta mucho por hacer, pero también estamos seguros de que vamos por el camino correcto. Y mejor aún: estamos convencidos de que los tiempos de Dios son perfectos.
Continuaremos dando lo mejor en este certamen, tratando de darles a los atletas lo que yo hubiera querido para mí. Seguimos convencidos de que hoy tenemos una nueva oportunidad, de esas que son pocas en la vida y que hay que aprovechar. Y hoy lo haremos nosotros.






