Las pandillas criminales, como son conocidas en el presente siglo, son originarias de Estados Unidos de Norteamérica, de Los Ángeles, California (EE. UU.).

Sin lugar a duda, existe suficiente evidencia, entre 1850 y 1899 ya existían pandillas y bandas delincuenciales, como el conocido barrio marginal de Five Points, en el bajo Manhattan, en Nueva York, densamente poblado, epicentro de la actividad criminal en aquel momento; pero en toda la nación americana ya existían registros de más de 100 pandillas conformadas por diferentes nacionalidades.

Luego, entre 1992 y 1996, EE. UU. incrementó una vez más las disposiciones para deportar ilegales, y es ahí donde comienzan a llegar pandilleros salvadoreños que habían sido iniciados y formados en el mundo criminal en Los Ángeles, con antecedentes policiales y penales, ya formados en el bajo mundo delictivo y criminal.

Lastimosamente, los gobiernos y las autoridades de aquel momento, por negligencia, incapacidad, o ambas, no tuvieron una visión prospectiva y se limitaron a decir que en El Salvador no habían cometido delito, pasen adelante, sin ningún tipo de control, supervisión o programa.

Los pandilleros procedentes de Estados Unidos llegaron a las comunidades, los barrios, los cantones, los caseríos y encontraron pandilleros criollos salvadoreños, con nombres de pandillas salvadoreñas, que para nosotros eran personas que no trabajaban ni estudiaban, tampoco delinquían, no eran criminales, eran vagos, pero encontraron las condiciones en nuestra sociedad en ese grupo de jóvenes y adultos marginados, pobres, excluidos, sin educación básica, cuyos padres habían emigrado buscando el sueño americano, o con padres ausentes. Este fue el grupo inicial que comenzó a seducir, a engañar, a trabajar psicológicamente para reclutarlos y conformar la MS-13 y el Barrio 18.

El siguiente paso fue sembrar el odio entre salvadoreños que ya habían ingresado a estas pandillas, atrás quedaba el bailar break dance, escuchar música en casete, pasar en las esquinas, pedir monedas de a colón, entre otros.

Durante los gobiernos del período de 1992 a 2001, aproximadamente, no previnieron, no trabajaron, no planificaron, no fueron estratégicos, no utilizaron la inteligencia y contrainteligencia, ignoraron los consejos y las recomendaciones, los dejaron comenzar a desarrollar operaciones delictivas y criminales ya evidentes entre 2000 y 2003, como la extorsión, los homicidios, los robos, los hurtos, los delitos contra la libertad sexual, entre los principales.

Vendrían los planes de marketing político de Mano Dura y Super Mano Dura, la Mano Amiga, el Buen Vivir de las pandillas y, finalmente, el pacto con el crimen organizado y las pandillas criminalespor la clase política y grupos de poder para que la cleptocracia se apoderara del Estado salvadoreño.

Tan reciente como en el Gobierno anterior del FMLN, El Salvador fue campeón mundial de violencia homicida y feminicida, los desplazamientos forzados internos y externos, las personas desaparecidas, las privaciones de libertad, las extorsiones, las violaciones, las apropiación de inmuebles y negocios, el lavado de dinero y la limitación ilegal de la movilidad.

El presidente Nayib Bukele recibió un promedio diario de 9.2 homicidios del último año de Gobierno completo del FMLN y sus cinco meses de 2019, y dejó al país en caos, conocido como el más violento sobre la faz de la Tierra.

El 20 de junio de 2019, el presidente Nayib Bukele lanzó la estrategia denominada Plan Control Territorial, que se convierte en la política de seguridad integral, y en solo siete meses de 2019 se quebró la tendencia de la violencia homicida y de los delitos de alto impacto.

Luego vendrían 2020 y 2021, y se dijo que la baja era por la pandemia de la COVID-19, pero los datos seguían a la baja.
El año 2022 superó a 2021, y 2023 demolió, pulverizó, las mejores marcas de 2022 para convertirse en el año más seguro en 202 años de República de El Salvador. Su estrategia es innegable, datos irrevocables y con una clara tendencia a la baja.

El candidato a la presidencia de la república Nayib Armando Bukele Ortez se presenta previo a las elecciones del 4 de febrero de 2024 con resultados, con evidencia, con indicadores cualitativos y cuantitativos que ubican a El Salvador en 2023 como el país con la menor tasa de violencia homicida de Latinoamérica, y será cuestión de meses para confirmar que logró superar a Canadá, que ha decidido no publicar la tasa de homicidios de 2023 hasta finales del presente año. ¿Por qué?, presentan cuatro años consecutivos al alza. Si los datos los favorecieran, ya los hubieran publicado en enero de 2024.

El Salvador es cuestión de tiempo para ser confirmado como el país con la menor tasa de violencia homicida de todo el continente americano. No solo disminuyó y ubicó en niveles tolerables y de primer mundo la violencia homicida, disminuyó los delitos que afectan la vida y el patrimonio, le regresó la esperanza a la población, la identidad de ser salvadoreños, los sueños y las visiones, los liberó del yugo terrorista y criminal de las pandillas, ha pasado a la historia como el libertador de las pandillas criminales, con el establecimiento de un modelo y un método que privilegian la vida y los derechos de la población.

Este domingo 4 de febrero de 2024 será la confirmación abrumadora de la población por un sí a la estrategia integral del Plan Control Territorial, al régimen de excepción, al modelo de seguridad del presidente Bukele, a la transformación y la modernización de la Policía Nacional Civil y la Fuerza Armada, de los centros penales e instituciones del sector de justicia y seguridad, y un rotundo no a las pandillas criminales, a los actores del crimen organizado, a los partidos políticos que pactaron con el crimen organizado y que saquearon los fondos públicos.

Lee tambiénUn vehículo y $16,000 decomisado a tres pandilleros pasan al Estado