El Salvador y el mundo, a pesar de la devastación social y económica que la pandemia sigue causando, continúan su marcha. Al igual que en los demás países, los planes y programas de gobierno que estaban previstos fueron afectados y las prioridades han debido ajustarse y actualizarse.
Desde el Ministerio de Relaciones Exteriores a mi cargo, en un primer momento, centramos la atención y el quehacer en enfrentar la imprevista situación que afrontaron miles de compatriotas que no lograron regresar a El Salvador debido a las restricciones implementadas por todos los países a escala mundial en un esfuerzo por contener el virus.
También estuvimos prestos a ayudar a muchos compatriotas que residen de forma permanente en otras naciones y que, debido al coronavirus, enfrentaron dificultades económicas y de salud.
Nuestra red de 82 representaciones diplomáticas y consulares en todo el mundo atendió prioritariamente a nuestros connacionales para resolver necesidades apremiantes, esfuerzo que ha sido reconocido y muy apreciado y sobre el que hay abundante testimonio. Todo este apoyo se dio y se sigue dando a pesar de la confusión creada por la pandemia, lo que, de forma comprensible, dio origen a malentendidos, situación que ha sido utilizada por la oposición política para sobredimensionar y desvalorizar los esfuerzos llevados a cabo.
No es la primera vez que una pandemia asola a la humanidad. Amenazas anteriores siempre se han superado y la actual pandemia por la COVID-19 no será la excepción. El mundo saldrá adelante más pronto que tarde y, sobre todo, El Salvador, a pesar de sus carencias económicas e institucionales de largas raíces, seguirá enfrentando y superará exitosamente la crisis sanitaria. Los resultados de esta labor, a la fecha, son concretos y continuaremos en esa línea.
Gracias al liderazgo del presidente Nayib Bukele, podemos decir que hemos enfrentado la pandemia y protegido a nuestros ciudadanos de manera más eficaz que la mayoría de las naciones de América Latina.
El Salvador ha demostrado siempre capacidad para salir fortalecido de las crisis, después de pandemias, terremotos, inundaciones y conflictos armados. En esta ocasión, sin duda, también saldremos adelante. La pandemia nos ha conmovido y ha puesto en evidencia las carencias económicas, sociales e institucionales largamente padecidas por nuestro país.
Para superar esta situación y apoyar los esfuerzos nacionales para la recuperación, es necesario reorganizar, reorientar, vigorizar y seguir modernizando nuestra diplomacia, que hoy por hoy debe continuar al servicio de la impostergable recuperación material, económica y social que demandará nuestro país. Como gobierno, trabajamos sin descanso para alcanzar este objetivo.
El Ministerio de Relaciones Exteriores, siguiendo las instrucciones del presidente Bukele, a quien corresponde dirigir la política exterior por medio de nuestra cancillería, impulsará una política exterior en función del desarrollo nacional integral y sin exclusiones no solo para superar la pandemia, sino, especialmente, para abordar los daños que cause en lo social —que incluye la vida, la salud y la educación—, así como en lo tecnológico y económico.
Para eso, orientaremos las acciones con base en consensos logrados con la movilización de todas las fuerzas vivas del país para buscar el bienestar de todos los salvadoreños, estén donde estén.
En el futuro inmediato pospandemia, nuestra labor se centrará en posicionarnos en el concierto internacional, prioritariamente con los países de las Américas, reconociendo que Estados Unidos, México y las naciones del istmo centroamericano constituyen centros prioritarios naturales de nuestras relaciones internacionales, así como en espacios regionales y multilaterales relevantes.
Además de los socios tradicionales de El Salvador, apostamos por consolidar y ampliar las relaciones que ya tenemos con países de otros continentes, como Asia y Europa.
Establecer relaciones con otros Estados con los que tengamos intereses comunes en lo político, económico y con los que compartamos los mismos principios democráticos y morales también forma parte de nuestro plan de trabajo.
También promoveremos la integración de la región SICA, a la luz del bicentenario de la Independencia centroamericana que se conmemorará en este año. Ante los desafíos actuales y pospandemia, es más urgente que nunca tener una región integrada.
Una labor fundamental de nuestra política exterior es la atención a los salvadoreños migrantes en todas las fases del ciclo migratorio. En este proceso juega un papel clave la diáspora, que precisa de una vinculación que le abra las puertas para que pueda sumarse a los esfuerzos de desarrollo nacional.
Consideramos una prioridad nuestro trabajo encaminado a seguir posicionando a El Salvador como un destino atractivo para inversiones, turismo y otros negocios, de manera que la diplomacia cultural, deportiva y gastronómica acompañen permanentemente las líneas de trabajo.
Una labor clave para asegurar el éxito de nuestro quehacer es la modernización y profesionalización de la cancillería y del servicio exterior, a fin de contar con las personas más idóneas que lleven a cabo sus funciones con capacidad, patriotismo y dignidad.
Estoy consciente de que la tarea es inmensa, pero el desarrollo del país lo demanda y la larga deuda social con nuestra gente nos lo impone. La pandemia nos ha sacudido, pero también nos ha motivado.
Sin duda, todos los compatriotas apoyarán nuestros esfuerzos para tener una diplomacia más cercana a la gente que día a día lucha por un país mejor.
En nuestra cancillería, junto con todo el personal y bajo los lineamientos del presidente Bukele, estamos comprometidos y trabajando arduamente en esta dirección.






