Cientos de extranjeros recorren parte de la historia y descubren un tesoro en la gastronomía de El Salvador en la pupusería Cabal, el primer y único restaurante de este rubro en Suecia, en la región nórdica y báltica. Ha tenido tanto éxito que la viceministra de Diáspora y Movilidad Humana, Cindy Mariella Portal, les otorgó un reconocimiento.

Restaurante Cabal es el único establecimiento salvadoreño en Suecia.

El establecimiento, ubicado en Estocolmo, fue fundado por las socias salvadoreñas Coripsa Alvarado y Roxana Flores a finales de 2020. Su idea de negocio surgió después de que descubrieron que no había por ninguna parte un pedacito de El Salvador en Suecia. Además, la palabra «Cabal» es una respuesta muy característica de su país y se distingue del territorio Centroamericano, explicaron a «Diario El Salvador».

Contra todo pronóstico por la pandemia de la COVID-19, las medidas de distanciamiento y la economía, las originarias de Santa Ana y San Salvador, respectivamente, se abrieron camino con la gastronomía y el embellecimiento de su restaurante con los colores azul y blanco, la bandera de El Salvador, un mural de la catedral de Santa Ana, artesanías y artículos de las leyendas del Cipitío y la Siguanaba, y un mapa de Centroamérica.

Después de cuatro años en funcionamiento, las salvadoreñas se ingenian nuevas estrategias para seguir conquistando corazones y el paladar de los comensales de Suecia, Finlandia, Australia y Bélgica, que se deleitan por primera vez con las pupusas, el principal platillo típico de El Salvador; mientras que los connacionales sienten nostalgia al visitar el lugar.

Las cuatro hijas de Alvarado también están involucradas en el negocio, ya que son ellas las que dan la bienvenida a los turistas, les explican la historia de El Salvador y toda la preparación para hacer las pupusas.

Su historia. Alvarado y Flores crecieron siendo vecinas en San Salvador. Al crecer, cada una tomó su camino, sin saber que después de tantos años se volverían a reencontrar en Suecia. Alvarado escapó de las pandillas, pero Flores primero emigró a Washington D. C., Estados Unidos, por trabajo, y después decidió mudarse a Suecia.

Para no perder el único sabor de las pupusas, las salvadoreñas importan productos como loroco, condimentos, carnes y verduras. Su menú cuenta con canasta de chicharrones, nachos tipo Siguanaba o Cipitío y tacos.

De esta manera contribuyen al desarrollo de las empresas salvadoreñas, compartió Flores. Próximamente esperan incorporar entre sus bebidas el café salvadoreño.

Que la embajada de El Salvador en Suecia y el Ministerio de Relaciones Exteriores destaquen su esfuerzo y lucha representa un incentivo para las emprendedoras.

«Nos sentimos orgullosas y honradas de que nos tomen en cuenta y que nos apoyen. No es fácil porque estamos presentando la gastronomía salvadoreña» en un país extranjero, dijo Flores.

Manifestó que las actuales autoridades se relacionan mucho con la comunidad, un aspecto que no se había visto antes; también recordó que ellas antes solo se acercaban a la embajada a realizar un trámite de documentos.

«Que desde El Salvador nos reconozcan y vean que estamos haciendo un esfuerzo» es de gran satisfacción, comentó Flores.

Otro aspecto que llena de orgullo a Alvarado es cuando sus clientes ubican a El Salvador, porque «oyen cosas buenas y que están saliendo adelante», cuando antes solo era conocido por el peligro de las pandillas. Este fue el principal motivo por el que huyó hace 23 años, en busca de protección y de un mejor futuro de sus hijas.

«Ahora es diferente, ya no se oye lo de las pandillas, y eso es muy positivo», señaló.

Ambas viajaron a El Salvador en 2022 y percibieron un «un ambiente más tranquilo». Por todos los sitios en los que se trasladaron eran las mismas personas las que les contaban sobre los cambios en seguridad.

«Ya no tenemos mucho qué envidiarles, pudimos conocer hoteles, playas, centros comerciales y restaurante de un nivel igual que Europa», manifestó Flores.

«Se ve que le están invirtiendo a El Salvador, se ve que lo están mejorando, pero no solo en la infraestructura, sino en la seguridad del país, que ese fue el talón de Aquiles por muchos años», expuso.

«Se percibe el cambio y la gente lo expresa también», aseguró.

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