La derechista Laura Fernández asume este viernes la presidencia de Costa Rica con un proyecto de mano dura y concentración de poderes tutelado por su antecesor, inédito en un país considerado por mucho tiempo de los más democráticos de América.
La politóloga de 39 años gobernará a la sombra de su mentor, el mandatario saliente Rodrigo Chaves, a quien nombró como superministro que controlará la agenda política y económica del llamado «gobierno de la continuidad».
En un acto multitudinario en el Estadio Nacional de San José, en asueto gubernamental, Fernández jurará para un periodo de cuatro años tras ganar cómodamente las elecciones del 1 febrero, gracias a la popularidad de Chaves.

Exministra de la Presidencia de Chaves, toma las riendas del pequeño país centroamericano de 5.2 millones de habitantes, famoso por su estabilidad política y riqueza natural imán de turistas, pero hoy con un récord de asesinatos por el narcotráfico.
«Quiero ir por la calle y no temer a una balacera. El país se ha sumergido en la violencia. También espero que baje el costo de vida», dijo a AFP Nancy Gutiérrez, ama de casa de 50 años.
Fan del presidente Nayib Bukele, promete concluir una cárcel inspirada en la megaprisión para pandilleros de El Salvador, endurecer las penas e imponer estados de excepción en zonas conflictivas.
Aliada como Chaves de Donald Trump, Fernández afianza a la derecha en Latinoamérica, tras recientes triunfos en Chile, Bolivia y Honduras.

«Vamos a apretar», dijo la segunda mujer en gobernar Costa Rica al anunciar su gabinete, casi todo heredado de Chaves. «El cambio será profundo e irreversible», promete.
Chaves, economista de 64 años, popular por su estilo confrontativo, debe esperar dos mandatos para postular a la reelección, pero diputados oficialistas no descartan cambiar esa norma.
Al amparo de Trump
En su giro a la derecha, Costa Rica cerró su embajada en La Habana y expulsó a los diplomáticos cubanos, acepta unos 100 deportados desde Estados Unidos al mes y se adhirió al Escudo de las Américas, una alianza antidrogas continental liderada por Kristi Noem.
A la investidura asisten el subsecretario de Estado estadounidense, Christopher Landau, Noem, y los presidentes de Israel, Chile, Panamá, Honduras y Guatemala. El gran ausente es Bukele.

Hija de padres agricultores, católica y madre de una niña pequeña, Fernández se considera «liberal en lo económico y conservadora en lo social». Eligió llamarse presidente, sin «a».
Aunque con Chaves la pobreza bajó del 23 % al 15 %, Costa Rica es el sexto país latinoamericano más desigual y el segundo de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) que trabaja más —tras México—, pero cuyos empleados ganan menos.
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