Polita Hernández es el ejemplo vivo de triunfo y superación en la comunidad latinoamericana. Ella es originaria del cantón Las Marías, municipio de Nueva Esparta, en La Unión, y hace dos décadas llegó a Estados Unidos en busca del sueño americano y para encontrar un refugio tras escapar de la delincuencia que se vivía en esa época en El Salvador. 

Ingresó sin documentos, enfrentando innumerables desafíos, pero su meta siempre fue lograr sus objetivos. 

Aprendió a forjar su propio destino al trabajar largas horas en un restaurante irlandés, donde lavaba platos y hacía otras tareas sencillas. Sin embargo, el verdadero giro llegó cuando demostró su pasión por la cocina y aprendió a hacer las especialidades del negocio europeo. 

Mientras aprendía conoció al amor de su vida, Javier Cruz, quien también es salvadoreño y en ese momento era el cocinero de dicho restaurante. 

«Tenía 22 años cuando me vine. Una hermana estaba acá y es la que siempre me apoyó. Llegué a Nueva York, pero no había mucho trabajo y decidí venirme para Maryland. Mi primer trabajo fue en un restaurante irlandés, donde tenía que pelar papas. Yo trabajaba las horas que me dieran porque quería pagar mi viaje, ahorrar y darle dinero a mi mamá», contó. 

Después de varios años habló con su esposo para poner un negocio, por lo que la aceptación de sus creaciones culinarias fue la semilla que dio origen a su primer restaurante, modesto en espacio pero abundante en pasión. Desde entonces, la familia The Picantillo fue creciendo y hoy cuenta con 22 empleados, la mayoría ciudadanos estadounidenses.

 «Decidimos que fuera un restaurante mexicano porque cuando nos mudamos a este pueblo eran pocos latinos. Desde la perspectiva del negocio, el dinero está en la comida y a los estadounidenses les encanta la comida latina. Hay pueblos cercanos que cuentan con muchos restaurantes salvadoreños», comentó.

Más allá de la exquisita sazón que impregna sus platillos, Polita se erige como una líder inspiradora. Su perfeccionismo, amabilidad y enfoque en sus negocios se reflejan en cada uno de sus empleados. 

Añadió que hace tres años emprendió con un segundo restaurante de comida irlandesa y también bar. 

«En los dos negocios a veces llego hasta las tres de la mañana, ya que hay música en vivo. Gracias a Dios nos ha ido bien en nuestros negocios y estamos pensando en poner un tercero, que sería de comida salvadoreña», expresó. 

Polita no solo enorgullece a su familia, sino que también se convierte en un motivo de orgullo para todo El Salvador. Su travesía, desde la lucha y la adversidad hasta el éxito, resuena en cada rincón de su historia.

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