Intentar ingresar de manera irregular sin ser detectado por el cuartel general de Operaciones Aéreas y Marítimas (AMO, por siglas en inglés) de la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza (CBP, por siglas en inglés) de Estados Unidos, en el sector de San Diego, California, es casi imposible, cuando la división cuenta con barcos, aviones, helicópteros, radares y sensores, para detener los cruces irregulares, combatir el narcotráfico y las operaciones de los grupos terroristas.

helicópteros para detectar drogas y personas escondidas en las
embarcaciones, incluso de noche. Foto Nancy Salguero.
La apuesta por la tecnología y un aumento de los agentes como parte de la políticas migratorias del presidente Donald Trump están siendo efectivas, de acuerdo con AMO, que asegura tener una reducción significativa de los encuentros en el sur de California.
«Hay más atención en la frontera, nosotros y otras agencias tenemos más presencia en las zonas, esto se traduce en mejores logros para detener los cruces irregulares», compartió un agente de AMO.
Actualmente, solo en San Diego operan entre 40 y 50 agentes marítimos, un número que a escala nacional asciende a entre 300 y 400 personas. Todos tienen como objetivo proteger el territorio estadounidense. El despliegue de los barcos también se ha duplicado. Antes solo vigilaba uno, pero con la nueva administración hay hasta cuatro barcos no solo de la AMO, sino de otras agencias.
AMO colabora con la Patrulla Fronteriza y las operaciones de campo. Además, apoya a las oficinas del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE, por sus siglas en inglés) en California.
Una vez detectan una embarcación sospechosa que cruza desde México, los barcos de las autoridades estadounidense, en los que se trasladan entre dos y tres agentes marítimos, se acercan de inmediato para identificar el número de migrantes a bordo y la capacidad de la lancha tipo panga o motos acuáticas que utilizan con frecuencia los traficantes de personas.
La operación continúa con la emisión de una alerta en señal de detención y se comunican a través de un parlante en inglés y español. Si todavía así no se detienen, los agentes recurren a los disparos en los motores para tomar el control.
Los barcos de AMO tienen la capacidad de ir a más de 100 millas por hora durante la persecución.
Después se procede al arresto de los traficantes, quienes enfrentan más cargos que los migrantes a bordo. Entre las multas por permanecer de manera irregular están un pago de $5,000, la detención, ir a la cárcel y la expulsión inmediata. La mayoría de los migrantes se encuentra en condiciones críticas y los botes trasladan hasta 30 extranjeros de todas las edades, incluso menores de edad, señalaron.
Todas las rutas ilegales son peligrosas, cada una tiene su desafío, pero en el caso del mar, los migrantes se exponen a la hipotermia o que el bote vuelque y se ahoguen, expusieron los agentes. «Mucha gente fallece en el intento porque se suben a embarcaciones que no son adecuadas para navegar con tantas personas. Se enfrentan al clima, al oleaje y a otras embarcaciones», afirmaron. «Por todos lados es ilógico cruzar», agregaron.
De acuerdo con los testimonios de los migrantes, los traficantes cobran entre $10,000 a $15,000 por persona, dependiendo de la nacionalidad y del tipo de barco en el que se movilizan.
«La única opción para entrar a Estados Unidos es por la vía legal, es muy peligroso viajar por otras maneras ilícitas. No lo haga», llamó el consejero de Asuntos Públicos de la Embajada de Estados Unidos en El Salvador, Sean McIntosh.
En San Diego, lo que interceptan más son embarcaciones de migrantes que las vinculadas al narcotráfico.
AMO dijo que los traficantes les dan más prioridad a las embarcaciones con droga, pues si pierden los paquetes quedan en deuda con los proveedores, pero si se trata de la vida de una persona, una vez haya pagado, la abandonan en cualquier condición.






