Las jornadas de Ana Elizabeth Rivas, de 48 años, se inician a las 4 de la tarde. Carga su mochila color rosa, camina entre callejones de barro y vegetación para llegar hasta donde se encuentra la canoa que utiliza para adentrarse en las aguas de la laguna El Jocotal, en el distrito de El Tránsito, San Miguel Oeste, e iniciar sus labores de pesca.
Es conocida en el sector por ser la única mujer que se dedica a esta labor junto a otros hombres pescadores de la zona.
Cuenta que hace más de 10 años su pareja la abandonó y tuvo que ingeniárselas para sacar adelante a sus cuatro hijos. Preocupada al no encontrar un empleo que le permitiera cuidar de ellos, su padre, Ismael Rivas, le propuso enseñarle a pescar con trasmallo.
«Me fui con él todos los días, me enseñó a tender el trasmallo, y me enseñó a descarnar [retirar los peces del trasmallo]. Mi papá falleció a los 101 años, hace unos cinco meses», contó.
Un día de por medio, Ana o Anny, como la conocen, llega a la laguna se ubica en un lugar y tiende su trasmallo en el agua, y una colcha en su canoa donde se acomoda a espera de los peces, a lo largo de la noche revisa el trasmallo unas cuatro veces, que pueden ser a las 8 y a las 11 de la noche, así como a las 2 y a las 4 de la madrugada.
El trabajo no lo puede comenzar a desarrollar sin antes hacer una oración para pedir la provisión de Dios, tanto así que a manera de vivencia cuenta que un nuevo pescador tiró el trasmallo muy cerca del suyo, pero que al final de la jornada el hombre solo logró un pez, «molesto me preguntó por qué yo tenía muchos y el uno, y yo le respondí que no sabía, que le preguntara a Dios», relató.
El humedal y área natural protegida es refugio de 284 especies de aves migratorias, 21 especies de peces, siendo los más comercializados el guapote, la tilapia y el bagre.

La vegetación existente en la laguna incluye tulares, plantas flotantes como jacinto de agua, lirios de agua, lechuga de agua, corazón de agua y flor de loto. En ocasiones, la proliferación de estas plantas, en especial el jacinto de agua, representan una amenaza para la pesca al no permitir la navegación e influye en la reducción de reproducción de los peces.
Es por eso que entre la vigilia de los pescadores está recoger los trasmallos ante la llegada del «amatón» o los grupos de plantas flotantes arrastradas por los vientos.
«Los pescadores siempre me andan cuidando, por cualquier cosa me dicen ¡levantate, ya viene el amatón!, o cuando los pescadores se duermen y yo les aviso que viene el amatón», relató.
El aviso debe de ser fuerte y claro, ya que desde que nació Ana Elizabeth presentó pérdida auditiva. «Nunca he ido a pasar consulta, creo que tengo que ir para que me den un aparatito para escuchar bien. Yo no he salido, solo trabajando en la laguna, pero un día voy a ir a pasar consulta», dijo mientras luce unos pequeños audífonos inalámbricos que su hermana le regaló y le permiten escuchar mejor.
«No son recetados, yo los miré y dije: pues voy a llevarlos para probar, pero dice que sí escucha más con ellos, estamos planeando con mi hermano llevarla a hacer un chequeo para que sean unos aparatos adaptados a su necesidad auditiva. Ya ve que, pues, mis papás nunca se ocuparon de eso», explicó Maribel Ventura, hermana mayor de Anny.
Maribel, quien por muchos años residió en el exterior, no quiere que su hermana continúe pescando, aseguró que sus sobrinos ya son personas independientes. «Ya se le hizo costumbre, ya no es tanto por la necesidad, a ella le encanta andar en la laguna, pero a mí me da miedo», dijo.






