En el distrito de Atiquizaya, Ahuachapán Norte, hay un nombre que, desde hace más de una década, resuena cuan do se habla de identidad, memoria y resistencia: Ana Yensi Lemus.

Ella se define con claridad y sin titubeos como «una mujer afrodescendiente», apasionada por la gestión cultural, los proyectos comunitarios y el trabajo directo con la población afro en El Salvador.

En 2025, su nombre trascendió fronteras al ser incluida por «Forbes» entre las 50 mujeres más poderosas de Centroamérica, convirtiéndose en la primera mujer afro descendiente salvadoreña en recibir ese reconocimiento.

Para ella, más que un logro personal fue una oportunidad para colocar el tema afro en una conversación regional.

Su historia no comenzó en una tarima ni en un festival, sino que en lo íntimo. En la memoria de una abuela invisibilizada por su color de piel y en su propia experiencia de negación, contó la mujer atiquizayense.

Admitió que durante años no supo que muchas de las vivencias en la escuela tenían nombre: racismo y discriminación.

El punto de quiebre llegó cuando fuera del país alguien le preguntó de qué etnia era. Hasta entonces, responder «soy salvadoreña» había sido suficiente. Pero esa pregunta la obligó a mirar hacia adentro y hacia atrás, relató.

La lectura, el diálogo con investigadores y el acercamiento a la historia afro en El Salvador le dieron herramientas para entender su origen y asumirlo con orgullo, confesó Ana Yensi.

«Yo misma me negué a reconocer que era una mujer afrodescendiente. Crecí viendo cómo mi abuela era invisibilizada por ser negra y yo tampoco entendía lo que eso significaba. No sabía que en las escuelas también se vive racismo y discriminación porque nadie nos hablaba del tema», indicó.

«Cuando me preguntaron de qué etnia era me quedé sin respuesta. Ahí comenzó mi búsqueda, mi proceso de leer, de preguntar, de conocer a antropólogos e historiadores, y de entender que nuestra historia siempre ha estado aquí, aunque muchos la hayan querido negar», añadió.

Desde entonces dedicó más de una década a visibilizar la presencia afrodescendiente en el país desde múltiples ámbitos: la gastronomía, la artesanía, la educación y la economía comunitaria.

OBJETIVO

En su natal Atiquizaya, aseguró que el término «negro» es común, pero «afrodescendiente» todavía genera resistencia. «Muchas personas saben el término, pero no se autorreconocen porque les da pena o porque creen que en El Salvador no existe población afro», señaló.

Indicó que uno de los hitos que marcó su trabajo fue el posicionamiento del Festival de la Cochinita, una iniciativa que rescata un platillo tradicional con profundas raíces locales y que abrió un espacio para hablar abiertamente de identidad afro en la zona.

Para Ana Yensi, la gastronomía es memoria viva, pero no es el único camino. Su apuesta ahora es impulsar una economía circular afrocentrada en Atiquizaya y en la franja del Pacífico salvadoreño. Sueña con fortalecer redes de artesanos, cocineras tradicionales y emprendedores afrodescendientes que puedan generar ingresos a partir de su identidad y conocimiento.

Mencionó con admiración a Patricia Murga, artesana del distrito aledaño de El Refugio, experta en transformar materiales reciclados en piezas únicas.

Asegura que como ella hay muchos talentos que necesitan visibilidad y oportunidades para que su trabajo sea valorado y remunerado. También agradeció al Ministerio de Cultura por la apertura que le han dado a la comunidad en diversas actividades.

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