Desde el jueves en la mañana los artesanos de Yucuaiquín, en el departamento de La Unión, comenzaron a llegar a la ciudad de San Miguel para instalarse en los alrededores de los templos católicos y ofrecer los ramos de palma que elaboran con esmero para la tradicional procesión del Domingo de Ramos, una importante manifestación del patrimonio cultural y religioso de El Salvador.

En la zona oriental del país, el distrito de Yucuaiquín es reconocido por sus artesanos, quienes se preparan con cinco o seis meses de anticipación para contar con todos los materiales necesarios: palma, flor de coyol, una cruz de jalacate forrada con papel de colores y otros elementos que dependen de la creatividad de cada artesano.

María Pérez de Mendoza, de 64 años, añade pequeñas postales religiosas a sus ramos, que suelen ser un poco más grandes que el promedio. Los adorna con flores elaboradas en papel crepé y brillantina. Un ramo de este tipo puede costar $4.

Pero más allá del tiempo invertido y la retribución económica, los artesanos expresan un profundo orgullo al ver a los fieles portando sus ramos durante la procesión que representa la entrada triunfal de Jesús a Jerusalén.

«Yo siento mucha alegría porque venimos a hacer los ramitos y vamos a llegar al Domingo de Ramos, que es un día grandioso. Me siento bien orgullosa de que la gente conozca y mantenga viva esa tradición», comentó Edomilia Álvarez, de 77 años, quien lleva más de 50 años vendiendo ramos de palma.

La elaboración de ramos de palma es una tradición que se transmite de generación en generación. Cada año, el pasillo de la alcaldía de San Miguel recibe a decenas de artesanos, muchas veces familias completas que continúan con esta costumbre.

Rosa Pérez, también de 77 años, inició la elaboración y venta de ramos hace 20 años. «Me gustaría que la generación de estos tiempos aprendiera lo mismo que yo hago, porque mañana ya no voy a estar, pero otros pueden continuar», expresó.

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