El camino de Astrid Bahamond hacia la curaduría y la historia del arte no fue un accidente, sino una evolución natural dictada por un entorno donde el pensamiento y la estética eran el lenguaje cotidiano. En el marco del Día de la Mujer, su figura emerge para dotar de contexto y rigor científico a una producción artística que, hasta su llegada, carecía de un registro sistemático y profundo. Su labor ha sido fundamental para entender que el arte no es un objeto aislado, sino un espejo antropológico de la sociedad.

La formación de Bahamond tiene raíces profundas en la figura de su madre, una mujer que desafió las convenciones de su época a través de la academia.

«Vengo de una mujer humanista por excelencia. Mi mami era doctora en Filosofía y Letras. Desde niña mi mundo estuvo rodeado de libros y de arte», relató.

Esta influencia genética y ambiental fue el motor que la impulsó a buscar horizontes intelectuales fuera de las fronteras salvadoreñas en un momento de gran agitación política.

Su travesía la llevó primero a Moscú, donde se sumergió en la literatura rusa del siglo XIX, una disciplina que define como «tremendamente psicológica», ya que aborda las interrogantes más profundas sobre la condición humana. Posteriormente, su traslado a Praga marcó el encuentro definitivo con su vocación. En la Universidad Carolina, una de las instituciones más antiguas de Europa, descubrió que la ciudad era un «museo andante», lo cual la llevó a especializarse en historia del arte, con un enfoque que abarca desde lo occidental hasta lo prehispánico y contemporáneo latinoamericano.



Actualmente, es historiadora, crítica, curadora y evaluadora de arte, y en el ámbito profesional se desempeña como curadora de Colecciones Nacionales y experta en artes del Ministerio de Cultura.

EL REGRESO Y LA CONSTRUCCIÓN DE UNA DISCIPLINA

Tras la firma de los Acuerdos de Paz en 1993, Bahamond volvió a su tierra natal con el firme propósito de «retribuir los conocimientos a un El Salvador que ya se encontraba fuera de una guerra civil». En aquel entonces, la figura del curador (especializado y con estudios en la rama) era prácticamente inexistente porque no había en el país una carrera para prepararse, sin embargo, ya existía el término y se ponía en práctica la curaduría.

«El término de “curador” proviene del latín, que significa “salvar, conservar, mantener”. Desde el momento en que introduce una pieza de arte en un área específica, ya usted le está dando la importancia que debe tener una obra», explicó.

Bahamond no llegó para pintar lienzos, sino para descifrarlos, con la firme convicción de que el artista no es un ente aislado, sino un reflejo de su contexto histórico, sociológico y psicológico.

Su labor comenzó en las aulas de la UCA, la Universidad de El Salvador y la Escuela Mónica Herrera. Sin embargo, su mayor legado se gestó fuera del salón de clase con una investigación exhaustiva sobre la historia del arte salvadoreño que se convirtió en el libro de consulta obligatoria para artistas y académicos.

«El objetivo de la historia del arte es contextualizar un hecho artístico aislado […]. Este método de creación tiene que contextualizarse en un marco histórico. ¿De dónde la produce?, porque de alguna manera está reflejando mucho del ambiente cultural en el que se desarrolla», detalló.

LA MUJER EN EL ECOSISTEMA CREATIVO

Al analizar el papel femenino en el arte, Bahamond plantea una distinción necesaria entre la creación y el reconocimiento. Destacó que, históricamente, las mujeres han estado presentes en las artes aplicadas y técnicas como el tejido, aunque bajo el velo del anonimato.

«¿Quién hizo?, ¿quién tejió? Son las mujeres. Nunca fue reconocido porque sus papeles son anónimos», reflexionó. Aunque en la actualidad ve una presencia creciente de mujeres en el arte moderno y contemporáneo, insiste en que la validación debe venir del rigor y no solo del género.

Como curadora, su juicio busca ser un «tercer testigo que interprete y dé un juicio sobre la obra, independientemente de que sea hecha por una mujer o un hombre».



No obstante, reconoce que en contextos internacionales, especialmente en Oriente, el liderazgo masculino sigue siendo predominante, a diferencia de su experiencia en la República Checa, donde la comparación académica era más avanzada.

Para Astrid, el futuro del arte en El Salvador y el empoderamiento de las nuevas generaciones de mujeres deben pasar por la educación formal.

Su propuesta es institucional, «lo que propondría no solo a las mujeres, sino que a las instituciones educativas es la creación de la carrera de historia del arte, para decirles también a las mujeres que son las que en su mayoría escogen las humanísticas, que el mundo del estudio de la historia del arte es maravilloso y no es simplemente un capricho», señaló.

En el marco de la conmemoración del Día de la Mujer, la figura de Astrid Bahamond se alza como un recordatorio de que el empoderamiento femenino también se construye desde el intelecto y el rigor.

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