Desde el corazón del Jardín Botánico, envuelta en un traje fucsia y amarillo que desafió tormentas, surgió un ser mágico que decidió cambiar los cubículos de una dirección de programación por la espontaneidad de las risas infantiles.
El Hada Chiflis no nació de un guión rígidamente planificado, sino de la autenticidad de Beatriz García, comunicadora de profesión, pero artista por vocación.

«Decido ser feliz y ser Hada Chiflis en 1999 cuando nos pasamos de canal 12, donde nació el personaje. En ese tiempo yo tenía dos funciones: una era ser directora de programación, rating, publicidad, todo ese tipo de cosas, y a la par lo de Hada Chiflis, pero yo sentía que lo de Chiflis era lo que me hacía feliz, así que me fui por esa rama», recuerda.
Esa esencia espontánea es la que definió su estética y su propósito. Lejos de las hadas de cuentos europeos, ella construyó su propia mitología desde la cotidianidad salvadoreña. El Hada no buscaba la perfección de un dibujo animado, buscaba la conexión humana.
«Hay gente que lo planifica todo; yo, en cambio, soy más espontánea. Recuerdo que en el canal estábamos organizando el programa El Club de Bubu. Ella me preguntaba: “¿Qué vas a hacer?”. Yo le daba vueltas: “¿Y si soy una muñeca de trapo? ¿Cómo sería el traje?”. Entonces Bubu me sugirió: “¿Y si sos un ser mágico?”. Me imaginé un duende o un hada, pero le dije enseguida: “¡Es que yo no me parezco nada a Campanita!”», recuerda.
Luego de decidir que sería un hada, aunque, según ella, su versión distaba mucho de los cuentos de hadas tradicionales, el nombre aún no existía.

«Siempre he sido muy explosiva al reírme, me recuerdo que estábamos entre los cubículos y el vicepresidente de TV Azteca me dice: “Betty, tú sí que eres chiflada, güey”. Y de repente me dicen: “¿Oíste?”, “¿qué?”, dije… “chiflada”, ahí fue que quedó Hada chiflada y empiezo a re construir al personaje», añade.
A partir de ahí, se construyó una identidad visual y narrativa única. Desde su origen en el Jardín Botánico hasta el icónico maquillaje de la luna y la estrella, cada elemento fue una respuesta a la necesidad del momento.
LIDERAZGO FEMENINO Y RESILIENCIA
En el marco del Día Internacional de la Mujer, su trayectoria destaca por desafiar estructuras tradicionales, en un entorno donde las mujeres a menudo deben elegir entre la seriedad de los cargos directivos o la calidez de los roles creativos, ella demostró que la verdadera fuerza reside en la autenticidad de elegir lo que la hace plena. Su historia no es solo la de un personaje infantil, sino la de una mujer que aprendió a navegar espacios de poder con paciencia y a transformar sus vulnerabilidades en puentes de empatía, recordando que el liderazgo femenino también se construye desde la alegría y la resiliencia.

Pese a dolores profundos como la pérdida de su madre, mantuvo su compromiso profesional, entendiendo que su labor trasciende lo personal. Sobre esto, reflexiona: «Difícil muchas veces cuando hay que trabajar con algún pesar en nuestro corazón… El hecho de poder tener problemas también nos hace ser más empáticos. Yo he tratado de ser toda la vida superpositiva, no digo que me han pasado cosas buenas y malas, yo digo, cosas buenas y no tan buenas», indica.
Ese temple le permitió navegar en entornos laborales complejos, como cuando fue la única mujer en turnos nocturnos del área de noticias. «Lidiar con tantos hombres era como bien difícil, pero a la vez aprendí mucho. Siempre he sido bien paciente y soy bien llevadera… eso me ha favorecido», manifiesta y reafirma que el liderazgo también se construye desde la paciencia y la resiliencia.

Uno de los retos más significativos en su carrera fue equilibrar el mundo artístico con la maternidad. Su hija creció viendo a su madre transformarse en un ser mágico, una dualidad que no siempre fue fácil de digerir, pero que se gestionó con una firmeza amorosa.
«Llevar esa parte de ser mamá y también ser hada me costaba porque cuando mi hija ya iba al colegio le tenía que explicar: “Te voy a ir a traer vestida de hada”… Es difícil para uno de mamá, pero se logra. Aquí estamos», expresa.
Hoy, al mirar hacia atrás, Beatriz no cambiaría ninguna de las experiencias, porque cada una ha forjado su carácter y aptitud. «Yo no me arrepiento de nada de lo que he hecho, ni de lo que he vivido,… pero de todas las cosas que he vivido no regresaría al pasado para decir: “No, no hagas esto”, porque cada una son vivencias que me han hecho ser como soy», afirma.

A pesar de los años y de haber cumplido su sueño, sigue mirando hacia el futuro con proyectos que buscan dejar una huella en las nuevas generaciones. Su interés por guiar a los jóvenes a través del arte se manifestó en experiencias con grupos de K-Pop y mantiene el deseo de formalizar una academia. «Los jóvenes necesitan un espacio y alguien que los guíe por buen camino», puntúa.
El Hada Chiflis no es solo un recuerdo de infancia de muchos salvadoreños, es un ejemplo de una mujer que decidió ser dueña de su propia alegría y transformar su entorno a través de la risa y el positivismo.






