Lo que comenzó como un sueño volviéndose realidad terminó en un momento difícil a causa de la violencia que azota a Honduras, esa que llevó a Gatitos Café a cerrar sus puertas a tan solo cuatro meses de haber abierto y en momentos en que el negocio comenzaba a despegar en la ciudad de Comayagua, cabecera del departamento de mismo nombre.

«Condicionamos un garaje para carro, pusimos mesas afuera, abrimos la casa, y mire usted, se va levantando el negocito con los gatitos que eran chineados por las personas», recuerda doña Alba Romero, fundadora de Gatitos Café.

Romero narra que una nota periodística sobre el establecimiento, la cual se hizo viral, desencadenó de inmediato la exigencia del pago de renta por parte de las pandillas que «me comenzaron a molestar y amenazaron, por lo que salimos a las 12 de la noche de Comayagua a San Pedro Sula y allí terminó el negocio».

«Vendí freezer, las mesas, el bar que era de madera preciosa», recuerda Romero sobre aquel negocio que abrió por primera vez sus puertas un 27 de febrero de 2024, pero que cuatro meses más tarde las cerró por amenazas de las pandillas, mismas que obligaron a su propietaria y su familia a huir de tierras hondureñas.

Fue así como, tanto Romero como su familia y el sueño de Gatitos Café, encontraron en El Salvador la tierra para reabrir de nuevo sus puertas, gracias al clima de paz, tranquilidad y seguridad que se vive en el país como efecto de las políticas contra las pandillas que ha impulsado el gobierno del presidente Nayib Bukele.

«(El Salvador) Es el lugar más sano que hay. Aquí podemos salir de noche y no pasa nada. Honduras está bien fregado», confiesa Romero, destacando las políticas de seguridad que Bukele ha promovido y con las que ha transformado el Centro Histórico de San Salvados, nuevo hogar de Gatitos Café.

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