Rodeado de madera, pinceles y motosierras, Gómez se dedica a la elaboración y restauración de imaginería religiosa, un arte sacro que hoy adorna templos e iglesias en todo El Salvador.

Desde tempranas horas, Miguel Ángel Gómez comienza a cortar, con motosierra, la madera de cada pieza que será tallada.

Cada jornada comienza con el tallado a mano de bloques rústicos de madera. Es un proceso meticuloso que exige máxima precisión para dar vida a santos, cristos, vírgenes y piezas procesionales de diversos tamaños, reconocidos a escala nacional por su detalle y fervor estético. Sin embargo, esta labor no es solitaria. El legado familiar cobra fuerza con la integración de su hijo Miguel Ángel Gómez, quien asume la responsabilidad de la fase estética.

Los detalles de las figuras religiosas deben ser esculpidos con precisión.  

Con pulso firme, Miguel Ángel se en carga de afinar las expresiones faciales (esculpiendo ojos, cejas y pestañas) y de aplicar la policromía que define el acabado final de cada obra. Además de la creación de nuevas piezas, el taller de los Gómez cumple una función de preservación cultural y religiosa: la restauración de imágenes antiguas deterioradas por el paso del tiempo, devolviendo el esplendor litúrgico a las comunidades que confían en su talento.

Pinceles y pintura son usados para afinar los rostros de las imágenes.
Sabas se especializa en imaginería religiosa.
Sabas Gómez también se encarga de la restauración de imágenes religiosas dañadas. 
Patronos, cristos y piezas de procesión son algunas de las obras de Sabas.
El taller está ubicado en el barrio El Calvario, de Apastepeque
La dedicación de Sabas Gómez ha permitido que su arte sea reconocido.
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