De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS), uno de cada 100 niños nace con algún grado de condición autista, algo que ha puesto reflectores sobre esta situación y ha impulsado estudios para comprender la realidad de las personas con trastorno del espectro autista (TEA).
Hace varias décadas hablar de autismo era un auténtico misterio, lo que derivó en que muchos adultos desconocen que viven con un grado de autismo. Ese es el caso de Daniel Pineda, artista y cantante salvadoreño conocido como Danny Forrest, quien hasta hace dos años recibió dicho diagnóstico que explicó muchas situaciones que vivió en su niñez y adolescencia.
«Era un niño con demasiada sensibilidad; sin embargo, siempre hubo señales o actitudes que reflejaban mi condición, pero no fue algo que mi familia haya podido notar con claridad, ya que en esos años había menos información sobre el autismo de la que existe ahora, cuando aún podemos decir que se tiene poco conocimiento sobre la condición», relató.

Según la OMS, «los trastornos del autismo son un grupo de afecciones diversas que se caracterizan por algún grado de dificultad en la interacción social y la comunicación», algo que se relaciona directamente con la forma en cómo perciben su entorno a través de los sentidos, lo que vuelve a las personas con esta condición mucho más sensibles a ciertos estímulos.
En el caso de Daniel, sus dificultades de integración se orientaban a sus procesos de interacción social. «Evitaba todo contacto cuando me sentía abrumado. Me costaba ver a los ojos a los demás, hablar y socializar, todo eso siempre me afectó bastante. Cuando me sentía demasiado nervioso, corría a mi cuarto y me encerraba totalmente. Toda mi adolescencia fue complicada. En la universidad también fue complicado. Aprendí a hacer varias cosas que la vida te exige, pero más por la presión de tener que hacerlas y no siendo encaminado de la mejor manera. Eso pasa cuando nadie comprende lo que te sucede», comentó.
Todas estas condiciones marcaron no solo la vida de Daniel, sino la de su familia —sobre todo durante su niñez— y la de su esposa, ahora en su etapa adulta. «El autismo no afecta solo a la persona, pues involucra a todos los que te rodean. Es una vida diferente. Hay muchos retos y muchas cosas que se deben hacer diferente. La comprensión de la sociedad no solo debe ser con la persona autista, sino con su familia, con todo su entorno», comentó.

Con el apoyo de su esposa, Daniel ha encontrado en el arte una forma de apoyo emocional. La música siempre fue una de sus armas para enfrentarse a las dificultades de la vida, junto a las artes gráficas y la literatura, campos en los que también se ha desarrollado y ha demostrado su capacidad.
Su diagnóstico ha cambiado su vida de forma positiva, pues ahora tiene herramientas para controlar mejor su entorno y comprender los momentos en los que su sensibilidad y su percepción individual pueden generar una dificultad, logrando así una adaptación más eficaz a cada una de sus actividades. En este punto destacó también la importancia de la ayuda profesional adecuada.

AYUDA PROFESIONAL
Fátima Cañadas, especialista en atención psicoeducativa del autismo, aseguró que los diagnósticos de esta afección en adultos se producen, en su mayoría, en casos de grado 1.
«Es importante recordar que venimos hablando de autismo desde hace 30 o 35 años. Eso no permitía que hace años atrás se tuviera el conocimiento adecuado para el diagnóstico y la ayuda para su desarrollo. Casi siempre eran catalogados como “diferentes” en los grupos sociales», explicó.

La profesional enfatizó que los adultos que reciben un diagnóstico de autismo obtienen también una respuesta a las dificultades que han enfrentado en su vida. «Son personas que han aprendido cosas como conversar o relacionarse con los demás de forma obligada y no con el apoyo necesario para superar esas dificultades», detalló.
Desde su experiencia en El Salvador, Cañadas aseguró que ha atendido a 12 adultos con diagnóstico de condición de autismo, entre universitarios y personas que como Daniel han establecido un hogar. «Mucha gente me pregunta si vale la pena iniciar un acompañamiento para personas adultas si ya tienen una vida hecha, y la respuesta es que sí. Es importante, porque ahora pueden comprender su situación y enfrentar esas dificultades sociales de mejor manera», comentó.






