Para Jenny de Alvarenga atravesar por un proceso de cáncer de mama no fue sencillo, al igual que les ocurre a muchas mujeres que lo padecen en la actualidad. La lucha constante contra esta enfermedad hace que hasta la mujer más optimista, por momentos, sienta que se da por vencida. Jenny aseguró que sus hijos son su motivación para continuar.

«Tengo 48 años, soy sobreviviente de cáncer de mama. Fui diagnosticada en octubre de 2014 con carcinoma intracanalicular infiltrante grado 3 B», recordó De Alvarenga, quien es sobreviviente de un cáncer agresivo en la mama derecha.

Añadió que sintió que moría cuando le dieron la noticia, porque escuchó la palabra cáncer y creyó que era igual a muerte. «Pensé en mis hijos, tenía una niña que no había cumplido aún los dos años. Cuando me dijeron que estaba enferma, creí que el mundo se había terminado. Sin embargo, Dios tenía planes totalmente diferentes», contó Jenny sobre cómo se sintió cuando se enteró de que padecía tan dura enfermedad que la llevó a luchar nueve años con ocho meses.

De acuerdo con Jenny, todo comenzó con una bolita que descubrió en enero de 2014, cuando veía televisión. «Consulté y me hicieron una biopsia con aguja, con la cual me extrajeron líquido. La primera biopsia salió negativa. Sin embargo, la pelotita seguía creciendo y después de ser una pelotita se fue poniendo como un chirolón», afirmó De Alvarenga.

Señaló que la pelotita en el busto la comenzó a observar cuando usaba blusas ajustadas. Los meses pasaron y la pelotita seguía creciendo. Entonces fue a una clínica empresarial de su trabajo y pidió que le dieran una referencia para el Instituto Salvadoreño del Seguro Social (ISSS) porque deseaba consultar nuevamente.

«Cuando llegué, me examinaron, les dije que tenía la pelotita; que ya no era tan pelotita. Me mandaron a hacer una ultra y la radióloga me dijo que me iba a practicar una nueva biopsia. Sin embargo, el líquido que me extrajeron por segunda vez de la mama fue totalmente diferente a la primera vez, y algo me decía que no estaba bien», explicó Jenny.

Afortunadamente, Jenny tuvo «la bendición» —como expresó— de contar con el apoyo de su esposo hasta el último día del proceso. «Entraba conmigo a las consultas, preguntaba mucho. Le pregunté al doctor que cuánto tiempo me quedaba, porque ya estaba avanzado, y me dijo que si estaba dispuesta a luchar, él iba a luchar conmigo, pero que la última palabra la tenía Dios», mencionó la sobreviviente de cáncer.

Por ser un cáncer muy agresivo, Jenny recibió quimioterapias fuertes para reducirlo, que la llevaron a perder todo el cabello a las dos semanas de recibir la primera quimio.

La expaciente de oncología recordó que los síntomas secundarios aparecían dos o tres días después de cada aplicación; sin embargo, comenzó a perder mucho peso con las primeras tres quimioterapias hasta llegar al punto de arrastrar los pies, porque no podía levantarlos.

Una de las crisis más graves que vivió fue el 31 de diciembre de 2014, ya que quedó casi en estado de inconsciencia por la debilidad que llegó a sentir. «No podía abrir mis ojos, no porque no quisiera, no tenía fuerzas para hacerlo. Físicamente estaba desgastada, sin fuerza, no tenía energía para abrir los ojos, pero escuchaba, y en mi mente le pedí a Dios que me diera una oportunidad», expresó.

Para De Alvarenga, era terrible pensar en la idea de dejar a sus dos hijos pequeños. «Dios mío, yo voy a dejar a este niño, lo voy a dejar solo. ¿Qué va a ser de él?; y la niña le decía: “mamá mal”», era lo que aprendió a decir. Entonces para mí fue algo tan doloroso, porque pensaba en ese niño que tenía seis y la niña bien pequeña igual», afirmó.

En el proceso, Jenny pasó por seis quimioterapias, una mastectomía, 25 radioterapias y cinco años con una pastilla para contrarrestar la enfermedad. Después le cambiaron su medicamento a dos años y le aplicaron una inyección en el ombligo una vez al mes.

Después del tratamiento estuvo en observación, hasta que el 31 de julio de 2024 le dieron el alta. «Han sido nueve años con ocho meses de lucha que sé que no he estado sola, Dios nunca me dejó», indicó.

Agregó que no creía que tenía el alta médica, ya que muchas veces le preguntó al doctor cuándo terminaría el tratamiento. «Por un momento pensé que nunca me daría el alta, pero el 31 de julio de 2024 me la dio. Fui y toqué la campana, yo me sentí superfeliz de saber que Dios había obrado», destacó la sobreviviente.

Después de estar más de un año libre de cáncer, Jenny reflexionó sobre qué es la enseñanza que le ha dejado esta dura enfermedad. «Aprendí a vivir la vida. El cáncer ha sido un regalo para mi vida, porque me enseñó tanto, me transformó. Dios permitió ese proceso para que aprendiera a vivir de verdad, a valorar los pequeños detalles de la vida, para que aprendiera a perdonar, a ser feliz y sobre todo a glorificar a Dios», expresó.

En la actualidad, su hijo, Lucas, tiene 19 años y estudia Licenciatura en Finanzas; y su hija, Mónica, pronto cumplirá 13 años; por ello, Jenny se siente feliz por la oportunidad que le ha dado Dios de verlos crecer.

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