Santiago Orlando Paniagua ha sido educador por 25 años en San Vicente. Empezó desde muy joven a enseñar a niños del Bajo Lempa, en Tecoluca, específicamente en el Centro Escolar Cantón El Pacún, inspirado por una de sus maestras de Literatura.

«Comencé formalmente ahí con toda mi energía de profesor, queriendo cambiar el mundo y tomar la educación por asalto; era una comunidad que había sufrido el conflicto armado. Estuve en el centro escolar y luego me absorbió el bachillerato a distancia en el Instituto Nacional, también del Pacún. Estuve siete años en ambos», manifestó.

Se considera jovial y carismático, ya que su forma de enseñanza siempre ha sido dinámica. Para él, una sonrisa y la buena vibra favorecen el aprendizaje de sus estudiantes.

Ha trabajado en al menos cuatro centros de estudio en el departamento. Actualmente ejerce en el Centro Escolar Cantón Colonia El Refugio, en Tepetitán, San Vicente Sur, distrito en el que reside, lo que se convierte en un sueño hecho realidad: dar clases en el lugar donde vive, indicó.

Aparte de formar generaciones, el profe Paniagua también tiene el emprendimiento de coctelería en el que elabora bebidas mezcladas con destilados, frutas, jugos y sodas. Con sus destrezas y lo aprendido estableció el negocio al cual se dedica en tiempos libres o fines de semana, ofreciendo una propuesta variada y exclusiva de bebidas preparadas en ferias, festivales gastronómicos y eventos privados.

En un inicio se dio a conocer en el negocio de sus padres en Tepetitán, que surgió casi al mismo tiempo que su iniciativa. Su interés por este emprendimiento nació después de casarse, con la llegada de su primera hija, ya que necesitaba otro ingreso para sostener el hogar.

Por esto, con su esposa y una inversión de $15 hicieron charamuscas, chocobananos y gelatinas que vendían en la casa o en los pueblos cercanos, idea que fue un éxito. Luego se beneficiaron con capital semilla y recibieron capacitaciones para formarse como barténder.

«Cuando probé el primer mojito que hice fue toda una experiencia y me pregunté ¿dónde se vende este tipo de bebidas en San Vicente? ¡En ningún lado! Había otro tipo de negocios, pero uno donde encontrar mojitos, margaritas, una piña colada, no. Así que empecé a enriquecerme de conocimientos, aprendí a hacer malabares y me gustó tanto que cuando hice realidad mi negocio fue todo un espectáculo», manifestó.

Su emprendimiento nunca ha sido algo que opaque su carrera de docente, sino que es una actividad aparte. Por esto ha capacitado a personal al que delega sus funciones, ya que el rubro tiene demanda.

Hasta el momento 10 personas cubren diferentes zonas del país, que incluyen participación en eventos o fiestas privadas como bodas, quinceaños, cumpleaños, eventos empresariales, entre otros.

«Me volví también profesor para mis propios barténderes, y entonces el negocio comenzó a crecer. Ahora tengo personal que trabaja por eventos», dijo. Añadió que algunas personas que laboraban con él se independizaron, pero pese a que son una copia de lo que hace, le alegra haberles ayudado a salir adelante.

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