Desde hace una década, Mayra Ramírez impulsa su emprendimiento Sorgovita, un proyecto que ha crecido de forma sostenida gracias a procesos de formación recibidos principalmente del Instituto Salvadoreño para el Desarrollo de la Mujer (Isdemu) y del Centro Nacional de Tecnología Agropecuaria y Forestal (Centa).
Ramírez no siempre se dedicó al rubro empresarial. Es socióloga graduada de la Universidad de El Salvador (UES) y trabajó en distintos proyectos antes de tomar la decisión de cambiar de rumbo tras el nacimiento de su hija.
«Antes de Sorgovita yo me dedicaba a mi profesión. Yo soy socióloga graduada de la Universidad de El Salvador y estaba trabajando en diferentes proyectos, pero dado que tuve a mi hija, tenía que quedarme en casa bajo su cuidado y luego vi una oportunidad de negocio y me empecé a preparar», recuerda.

La naturaleza de su profesión implicaba desplazarse a zonas alejadas de su vivienda en el cantón Cabaña, de Ciudad Delgado, lo que requería permanecer fuera de casa durante la semana. Esta dinámica resultaba incompatible con su deseo de acompañar la crianza de su hija. «En 2011 nace mi hija y desde ahí ha estado bajo mi cuidado.
No quiere decir que dejé de lado mi profesión, porque siempre he hecho trabajo voluntario en la comunidad donde vivimos», explica.
La idea de emprender surgió cuando asistía a talleres vocacionales organizados por la municipalidad de Ciudad Delgado. Fue en ese contexto donde conoció una capacitación impartida por el Centa sobre el procesamiento de cereales.
«Se nos presentó la oportunidad de viajar al laboratorio del Centa para capacitarnos. Cuando regresé venía muy emocionada porque a partir del maicillo se podía generar una harina poco convencional, pero con alto valor nutricional y de bajo costo. Desde ahí empezó esa inquietud de lanzar un negocio», relata.
El maicillo captó su atención por sus propiedades nutricionales y su escaso aprovechamiento en el país. «El maicillo es rico en hierro, calcio y zinc, aporta mucha fibra y además es naturalmente libre de gluten», señala.
A partir de este cereal, Sorgovita produce harina sin gluten que puede utilizarse en la elaboración de bebidas y alimentos como tortillas, pizzas, pan, galletas, waffles, pancakes y empanizadores. Actualmente, el emprendimiento ofrece harina, snacks y empanizadores bajo su propia marca, además de chocolate artesanal para bebida.
El crecimiento del negocio ha estado acompañado por asesorías técnicas y administrativas. «Isdemu me empezó a capacitar en gestión del negocio, en toda la parte administrativa, cómo comercializar el producto, la presentación, el empaque. Luego comencé a validar el producto con los clientes y a cumplir requisitos como contar con una planta de producción y trámites para operar bajo supervisión del Ministerio de Salud», detalla.
A través del instituto también se establecieron vínculos con la Comisión Nacional de la Micro y Pequeña Empresa (Conamype) y el Centro Nacional de Registros (CNR), lo que permitió fortalecer capacidades empresariales y formalizar la marca. «Empezamos a capacitarnos en cómo registrar ingresos y egresos, y luego iniciamos el proceso de registro de marca. Estas instituciones nos fueron guiando en cada etapa», afirma. El apoyo incluyó además un capital semilla, otorgado con respaldo de la Unión Europea (UE), que facilitó la adquisición de maquinaria, mobiliario y materia prima. Gracias a ello, Sorgovita cuenta hoy con una pequeña planta de producción equipada y con licencia de funcionamiento.
Entre los objetivos a corto plazo, Mayra busca ampliar la comercialización de sus productos hacia supermercados y tiendas de conveniencia, ya que actualmente las ventas se hacen principalmente por encargo a través de redes sociales y en un punto de venta especializado en productos saludables. $3 Asimismo, destaca que uno de sus intereses es educar a la población sobre alternativas más saludables y accesibles.
«Parte de nuestro objetivo es que las personas conozcan que hay opciones nutritivas, económicas y versátiles que pueden incorporarse fácilmente en la alimentación cotidiana», afirma. El emprendimiento, aunque pequeño, ha generado oportunidades de apoyo dentro de su entorno cercano, involucrando a otras personas en distintas etapas del proceso productivo.
Esta dinámica no solo fortalece la economía familiar, sino que también contribuye al desarrollo local. Ella reconoce que el camino no ha estado exento de desafíos, especialmente en lo relacionado con la formalización y el cumplimiento de normativas sanitarias y comerciales.
Sin embargo, considera que estos procesos han sido fundamentales para consolidar su negocio. Con una visión clara de futuro, la emprendedora continúa apostando por la innovación y la diversificación de productos derivados del maicillo.
Su meta es posicionar a Sorgovita como una marca reconocida en todo el país, manteniendo siempre el enfoque en la calidad, el valor nutricional y el impacto positivo en la comunidad. «Queremos seguir creciendo, pero sin perder la esencia con la que iniciamos», concluye.






