Las aves salvadoreñas quizá sean la especie que más se ha adaptado a los cambios generados por la galopante urbanización que ha invadido su hábitat natural en los cuatro puntos cardinales del Gran San Salvador, y se acomodó a un nuevo ambiente.

Aquí queda claro lo que expresa Charles Darwin en el capítulo quinto de su libro «El origen de las especies»: «Las especies que sobreviven no son las más fuertes, sino aquellas que se adaptan mejor al cambio».

Los especialistas aseguran que existen en El Salvador cerca de 580 especies de aves, entre las más comunes en la capital están los pájaros y las aves rapaces. En la zona urbana se puede observar el torogoz —ave nacional—, la chiltota, las palomas de Castilla y ala blanca, el chío o atrapamoscas y, por supuesto, los clarineros, las urracas y los pericos o chocoyos, así como gavilanes y aves de rapiña como el zopilote común.

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Promovido por la ONU, junio es el mes dedicado al medioambiente, tiempo propicio para meditar sobre la supervivencia de las especies.

Un pájaro carpintero o cheje («Melanerpes aurifrons») descansa sobre un poste del tendido eléctrico cerca del Parque Centenario.

Un clarinero o zanate («Quiscalus mexicanus») da de comer a sus polluelos sobre cables del tendido eléctrico en la avenida Cuscatancingo, en San Salvador.

Un gavilán gris («Buteo nitidus») descansa sobre una de las coronas de laureles del Monumento a La Libertad, en el Centro Histórico de San Salvador.

Los muros de una pequeña finca frente a la Villa Centroamericana sirven para que pose este bello torogoz («Eumomota superciliosa»), ave nacional de El Salvador.

Pericos, pericones o chocoyos («Psittacara strenuus») tienen sus nidos en un muro de la residencial La Gloria, a un costado de un gran supermercado al norte de la capital.