Haruna Fukuoka es una voluntaria japonesa que enseña a familias a cultivar huertos caseros en comunidades del distrito de Apastepeque, en San Vicente Norte, una labor que, dice, también se convierte en una experiencia de convivencia y aprendizaje junto con la comunidad.
Tomate, chile verde, chile picante, cebolla y pepino es lo que han aprendido a cosechar, comenzando desde la preparación del terreno hasta los cuidados que aseguran la cosecha; además los ha instruido en la elaboración de compostaje, el abono orgánico. Estos procesos han incluido la práctica en el terreno sobre la manera de cultivar, ya que en su mayoría las familias beneficiadas siembran maíz y frijol o caña de azúcar; pero con las capacitaciones brindadas por Haruna, ahora integran pequeñas parcelas cerca de sus casas para cultivar las hortalizas necesarias.
«Quería enseñarles [cómo sembrar vegetales] para reducir el gasto de alimentación y también que sea saludable. Ahora ellos tienen sus huertos caseros en la casa, un espacio pequeño pero suficiente para ellos», expresó la voluntaria.
Además han aprendido a sacar semillas de la misma producción, «porque yo voy a regresar a Japón, así que aunque ya no esté acá, quiero que ellos sigan siempre», expresó la joven altruista, añadiendo que para incentivarlos al inicio les proporcionó la semilla y el abono.
Fukuoka es parte del programa de voluntarios de la Agencia de Cooperación Internacional del Japón (JICA); para ella, compartir sus conocimientos y experiencias sobre el tema de producción es muy satisfactorio.

«Es algo bueno pues ellos aprenden cosas nuevas y también mejoran su calidad de vida, ya que algunas veces necesitan ir a comprar en Uber [transporte privado], y en ida y vuelta gastan como $10. Así que ahora ya no han comprado tomates o verdura y tampoco han gastado en transporte», mencionó. Haruna habla bastante bien el español y, aunque le ha costado, asegura que estar inmersa en la cultura y las vivencias locales, tanto en la comunidad como con los compañeros de la alcaldía, le ha ayudado; aunque señaló que las diferencias de cultura con su país marcan la realidad.
«Ha sido muy bonita la experiencia en la comunidad porque me gusta mucho hablar, comunicarme con las personas de acá, aprender muchas cosas nuevas, mejorar mi español. Ellos, las familias, son muy amables, porque, aunque llegaba por primera vez, ellos me dijeron: “Aquí está su casa”, y eso me gustó mucho», manifestó.
EXPOSICIÓN DE RESULTADOS
Nueve familias de la comunidad La Loma, del cantón Calderas, asistieron el martes a la clausura del proceso realizado por la voluntaria japonesa, en un evento público al que también acudieron las autoridades de la municipalidad. En el mismo hubo exposición de las hortalizas cosechadas, como tomates y chile verde, plantines, abono orgánico y semillas listas para sembrar. Fue un momento nostálgico y de logros, en donde los favorecidos hablaron sobre los beneficios de haber sido parte del proyecto.
«Nosotros nunca habíamos trabajado con abono orgánico, solo con químicos, pero ahora hemos sembrado chile, tomate y pepino sin veneno químico. Es importante el conocimiento que nos ha traído», opinó Fredy Aristides Morales Rivas, un beneficiario.
«Agradezco la oportunidad que me dieron de participar en este proyecto. Sale mejor tener uno su producción, aunque sea de poco en poco irse abasteciendo», expresó la productora Carolina Hernández. Haruna permanecerá en el país hasta noviembre y contó que en este año y medio le han gustado todas las sopas de El Salvador, las pupusas y otros platillos, pero que sus favoritos son los tamales de elote y la horchata porque en Japón no existe este refresco.
«Quiero agradecer a la gente de acá, me han ayudado bastante. Si pudiera me gustaría vivir más tiempo acá, pero en lo que me queda, voy a tratar de hacer lo más que pueda», expresó y agregó que está iniciando un proyecto igual en Brisas del Carmen, donde otras familias aprenderán sobre huertos caseros. «Y si hay tiempo quisiera llegar a otras comunidades», añadió.






