Satisfecho de compartir sus conocimientos sobre el arte de la representación gráfica o pintura a niños y jóvenes de diversas generaciones se encuentra Jorge Ali Márquez Requeno, de 74 años, un migueleño que se considera artista desde el vientre de su madre.

Nacido en 1950, hijo del recordado Juan Antonio Márquez, maestro de dibujo y pintura, y decidido a seguir los pasos de su padre, se involucró en el mundo de las artes gráficas hasta llegar a dar clases en la red de las casas de la cultura en diferentes puntos de la zona oriental del país. Trabajó con la alcaldía de San Miguel, en el Centro Escolar Ing. Víctor Batarse de la colonia La Presita, entre otros.

«Mi papá no fue mi profesor, yo lo traía en la sangre, solo tenía que practicar. Una de las bendiciones grandes que Dios me dio es el don de la pintura», comenta.

Recuerda que uno de sus maestros le enseñó a hacer trazos lineales sin regla y le dio otros consejos. «Decía que la base fundamental de un pintor es saber dominar su mente, porque la mente es traicionera, la mente destruye algo bonito si usted no sabe dominarla», apuntó.

Manifiesta que encuentra su inspiración en la música: «Cuando siento el deseo pero no el impulso, me pongo a escuchar música viejita y comienzo a pintar. El problema es que cuando estoy metido en mi trabajo no desayuno, no almuerzo ni ceno, porque estoy inmerso en lo que hago».

Otra de las técnicas que utiliza para encontrar paz mental es viajar a la playa con la imaginación.

Requeno es uno de los primeros habitantes de la colonia La Presita 1, en San Miguel, que en los ochenta carecía de servicios básicos y de atención médica.

«En los años ochenta hubo mucha pobreza. Estuve en Cruz Verde y me tocó atender 53 partos. Ahí están unos que me dicen “papá”. Esa es la satisfacción que a uno le queda», sostiene con una gran sonrisa.

La vida se encargó de llevarlo, entre 1986 y 1989, a Nueva York, Estados Unidos, donde se especializó como árbitro. Regresó para trabajar en la Tercera Brigada de Infantería de San Miguel, en el área administrativa, donde laboró un poco más de dos años.

«Junto con mi papá trabajé como carrocero con el señor Miguel Félix Charlaix, con las primeras carrozas. Éramos mi papá y otros dos hermanos. Antes con 250 colones se hacían unas carrozas lindas», evoca en sus recuerdos al hacer un repaso de los tantos trabajos que ha desempeñado para abrirse paso en la vida, además de su pasión por la pintura.

En su querida colonia La Presita es apreciado por el trabajo altruista y solidario que ha hecho en beneficio de la comunidad, en especial de los jóvenes que tuvo como estudiantes, a quienes asegura que aconseja como a seres muy queridos.

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