Rodeado de árboles de mango y alimentado por nacimientos de agua cristalina, descubrí la belleza del Parque Recreativo Ichanmichen, en Zacatecoluca, un destino que hace honor a su nombre: una palabra de origen náhuat que significa «morada de los pececitos» o «la cueva de los pececitos».

Y basta entrar parque para entender por qué. En cada estanque y piscina hay peces de diferentes tamaños, incluso algunos turistas aprovechan para hacerse su «pedicure» con ellos.

El agua del lugar proviene de nacimientos naturales que recorren el parque y terminan conectándose con el río Acumunca.

Durante mi recorrido, el jefe de guardaparques de Ichanmichen, Ángel Solorzano, me explicó que este espacio abarca unas 44 manzanas, y que gran parte de su encanto está en lo que no siempre se ve a primera vista. Mientras caminaba por los senderos, no era difícil imaginarlo: garrobos, iguanas y cotuzas forman parte del paisaje habitual, y de vez en cuando alguna culebra puede cruzarse en el camino.

Los mitos que rodean a los estanques

Los estanques también tienen su propia personalidad. Algunos llevan nombres que conectan directamente con la tradición salvadoreña, como el del Cipitío, la Siguanaba y las sirenas. Pero hubo uno que me llamó especialmente la atención: el estanque de las brujas.

Es pequeño, y está un poco alejado de la entrada, pero carga con una historia que aún se comenta entre quienes han trabajado en Ichanmichen por años.

Según me contaron, en décadas pasadas se encontraban en ese lugar objetos relacionados con prácticas de hechicería, desde fotografías con alfileres hasta figuras intervenidas. De ahí su nombre, que hoy despierta más curiosidad que temor.

«Aquí hay compañeros que ya tienen más de 60 años, ellos comentan que en este espacio donde está el estanque de las brujas, como en 1980, encontraban amarres, hechicerías, fotografías con alfileres, muñecos con imágenes de hombres y de mujeres. Por eso es que se le llama así, porque venían brujos. Cuando los compañeros se presentaban a hacer trabajo o a hacer limpieza, encontraban esas cosas», dijo el jefe de guardaparque del Parque Recreativo Ichanmichen, Ángel Solorzano.

Esa conexión con las leyendas no termina ahí.

La Siguanaba, uno de los personajes más conocidos del folclore salvadoreño, también forma parte del imaginario del parque. Hay relatos de personas que aseguran haber escuchado risas o sonidos cerca de los ríos, como si el entorno natural guardara ecos de esas historias.

«También hay historias de que se les ha parecido a hombres y a las personas que han andado cerca de los ríos de acá, han escuchado risas burlonas de la Siguanaba o como que están lavando ropa también», afirmó Solorzano, quien añadió que, al caer la noche, la densidad del bosque se vuelve más intensa, creando una atmósfera más imponente en la que predomina los sonidos de la naturaleza.

Diversión para toda la familia

Más allá de los mitos, Ichanmichen es un destino para disfrutar sin complicaciones.

Cuenta con tres piscinas: la popular, la más grande y concurrida, que alcanza hasta 2.5 metros de profundidad; la del mango y la zona familiar, donde dos delfines decorativos lanzan agua y le dan un toque más recreativo al ambiente.

Tanto la piscina popular como la del mango cuentan con toboganes para los más aventureros, aunque debo admitir que yo les tuve suficiente respeto como para no subirme.

También es posible divertirse en los estanques naturales que, personalmente, son mis favoritos por su conexión directa con el entorno.

El parque ofrece opciones para pasar todo el día. Vi familias descansando en hamacas, grupos compartiendo en cabañas y otros simplemente caminando entre los senderos. Solorzano me explicó que para quienes deseen llevar su bicicleta pueden hacerlo.

También hay merenderos con diferentes platillos, aunque cada visitante puede llevar lo suyo sin problema.

Un detalle que suma a la experiencia es el pequeño acuario de tilapias.

El parque abre todos los días, de 8:00 de la mañana a 4:00 de la tarde. La entrada para nacionales es de $1.50 y extranjeros $3. Niños menores de 6 y adultos mayores de 60 entran gratis.

Si viaja en transporte colectivo, puede tomar las rutas 133 o 302 desde la terminal del Sur. También está la opción de los Buses Alegres del Instituto Salvadoreño de Turismo (ISTU), que ofrecen viajes hacia este destino.

Al final del recorrido, me quedé con la sensación de que Ichanmichen no es solo un lugar para refrescarse. Es un espacio donde el agua, los árboles y las leyendas, que aún susurran, conviven de forma natural.

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