Siempre se ha caracterizado por su elegancia, su porte y su belleza. Sin embargo, una conversación con ella deja en claro que su inteligencia y su capacidad es el verdadero corazón de su carrera llena de éxitos. Sin embargo, Mónica Casamiquela, uno de los rostros más conocidos de la televisión salvadoreña, deja en claro que todo lo que ha logrado ha sido gracias a mucho esfuerzo, sacrificio y dedicación.
Durante más de dos décadas, Mónica ha estado presente en los medios de comunicación. Una de sus etapas más conocidas fue como presentadora de «El Noticiero», en Canal 6, aunque también ha sido parte del elenco de programas de entretenimiento y farándula, además de dedicarse a ser presentadora en eventos sociales y a promover contenido para mujeres en sus plataformas de redes sociales.
Ahora, con tantos años de experiencias en medios, Mónica entiende que los retos nunca se acaban y, uno de ellos, es el ser una «coach de vida» para las mujeres salvadoreñas, motivándolas a esforzarse y a tomar confianza en sí mismas, dándose el poder para salir adelante y triunfar y quitándole el poder a aquellos que intentan limitarlas.

¿Quién es Mónica Casamiquela?
Soy una mujer, madre, esposa, hija, trabajadora y me llamo «comunicadora» porque engloba todas las áreas en las que yo me he desarrollado profesionalmente. Soy una mujer muy tenaz, muy persistente. Bastante disciplinada. Trabajo desde los 19 años… ¡ya quiero jubilarme! ¡Jajaja! Creo que todo eso es lo que me define.
Su trayectoria ha sido larga y exitosa en los medios de comunicación. Pero, ¿cómo ha logrado consolidar esta trayectoria y manejarla junto a su vida personal?
Ha sido una trayectoria que considero bastante estable, porque también, de mi parte, he sido una persona muy consistente y muy consecuente en mi forma de actuar, pensar y trabajar. Siempre he tratado de abrir brecha para otras mujeres. Creo que el periodismo y las comunicaciones son una plataforma perfecta para poder poner a la mujer en roles que, a veces, han sido principalmente otorgados a hombres. Ahora, con las vitrinas digitales, podés demostrar que las mujeres están empoderadas, y lo digo en el buen sentido de empoderamiento. No estoy hablando de un feminismo extremo donde se vea al hombre por debajo, sino que sea de igualdad.
Además, creo que he logrado tener una trayectoria muy sólida. Son ya 28 o 29 años y creo que esa estabilidad se la debo a la credibilidad que generó el tipo de vida que llevo y el ser consecuente con mi accionar y mi trabajo. Al final del día, la gente es la que te pone ahí. Siempre tenés una vida privada, pero al llevar bien todo este engranaje, el público me dio siempre ese voto de confianza. La gente me apoyaba y así es como he forjado mi carrera.
Ahora, las mujeres salvadoreñas somos arrechas. En el país, ves la combinación de madre y esposa, ves mujeres que trabajan y desempeñan muchos roles. La mujer salvadoreña cumple todo esto. Logra poner a la par todos los roles. Al menos, la gran mayoría.

Pero ese esfuerzo también implica algunos sacrificios…
Sí, al menos en el periodismo y en las noticias, ya sea que estés tras de cámaras o de redactor o como presentador, siempre te roba buenos momentos de tu vida. Creo que eso es la huella indeleble de los que hemos pasado por este trabajo, los que nos hemos perdido navidades, nacimientos de seres queridos, Días de las Madres, cumpleaños, eventos familiares. Uno tiene que estar dando la noticia, porque es tu responsabilidad, porque la gente te espera…
Creo que ese ha sido el precio más caro. La familia no puede anticiparse a lo que va a suceder. No olvidaré lo que sucedió en el Y2J (en 1999), que tuve que estar en vivo, cubriendo el cambio de año para ver lo que pasaba. Momentos como el de las Torres Gemelas, donde tuvimos que correr para dar la noticia. En todo eso te perdés mucha parte de la vida y siempre lo lamentas en algún momento.
¿Eso la motivó a dejar de lado el periodismo y pasar a la farándula y al entretenimiento?
Un poco, quizás. Creo que las plataformas van cambiando y el público también, sobre todo las formas en cómo consumen. La gente quiere consumirte diferente. Ahora es Twitter, Instagram y empezás a ver otras facetas en las que te podés desenvolver. Empecé a descubrir que podía diversificarme. Ya había dejado la piel en las noticias y sentí que la vida es de ciclos. El salto lo di en el programa de «Número Uno», donde se manifestaron muchos talentos salvadoreños.
Ahí se me abrió el mundo y la gente me vio con otros lentes, los de una Mónica más relajada, más informal, la que podía conducir un escenario en vivo para talentos emergentes y no solo la mujer seria de las noticias, la que siempre tenía que estar entera en una sola pieza. Después de eso comenzaron a llamarme para eventos corporativos y así fue como migré poco a poco.
En su carrera ha pasado por muchas etapas en las comunicaciones. Ahora, hemos pasado de lo análogo a lo digital. ¿Cómo afronta esta nueva realidad con las redes sociales?
Ha sido algo muy sutil. No es como que estuve dormida y de pronto desperté. He ido poco a poco. En un inicio no quería abrir Instagram. Pero, cuando empecé a ver cómo podés capitalizar tu imagen, entonces me interesé más. Por ahora, no tengo cuenta de TikTok. No creo que sea un tema generacional. He visto a grandes actores con una cuenta de TikTok.
Siento que mis seguidores no son de TikTok. He migrado de manera suave. No soy muy fan de la tecnología, pero me siento satisfecha de la forma en cómo manejo gadgets, redes, lenguaje digital y la practicidad que nos da la tecnología. Creo que en ese sentido estoy a la vanguardia.
Esta nueva época de redes sociales también ha despertado a los «haters». ¿Cómo maneja los comentarios negativos en redes sociales?
Es parte de esta transición. Los haters siempre han existido. Existían en el colegio. En mi época existían los «chismógrafos», esos donde te ponían toda tu información y donde resaltaban tus defectos. En la sociedad estamos en un mundo donde habrá bullying, donde habrá personas que se opongan a tus ideas. Al principio, en las redes sociales, los haters fueron emergiendo y convirtiéndose en algo cada vez más común. Mi evolución también ha sido directamente proporcional a esto.
Sé que hay hater, son parte inherente de una figura pública. Si no tenés haters, algo está pasando. Ignoro muchos malos comentarios porque, al final, he aprendido que en mí reside el poder de darle a alguien más el poder de molestarme. En Instagram leo los comentarios. No tengo activadas las notificaciones, sino que, en un momento del día, entró a la publicación y veo los comentarios. Me cuido de los comentarios que son negativos y de los que son solo positivos también.
Toda esta evolución en su familia implica muchos sacrificios. ¿Cómo ha sido el apoyo de su familia ante esta vida llena de trabajo?
Ha sido enorme. Este noviembre cumplo 20 años de casada. No se dice tan fácil en estos días. Tengo cuatro hijos. Tengo dos casados y dos solteros que ya están en la universidad. La familia ha sido de sumo apoyo, ha sido vital. Mi esposo siempre ha sido una persona de mente abierta. Él me conoció en esta carrera. Me apoyó en este primer momento y me logró entender, porque una cosa es conocerme así, pero otra es apoyarme totalmente. Entendió el rollo de estar en vivo y de tener que llegar apurada al programa. Entendió todo esto. Nuestras vacaciones siempre fueron atropelladas. Muchas veces él tuvo que llevarme al canal a presentar noticias, luego nos regresábamos al lugar donde estábamos de vacaciones.
Él logró entenderlo poco a poco. Inclusive, cuando nos casamos, yo estaba tan metida en mi trabajo que yo tenía pensado llegar después de las noticias a mi boda civil. Pero alguien se enteró y me dijo que tampoco, que pidiera ese día y así fue, pude casarme con un poco más de antelación y no hacerlo después de las 9:00 de la noche, cuando yo salía de mi trabajo.
Mis hijos han nacido y crecido bajo el abrigo de este formato de madre comunicador. Los he llevado a noticieros en vivo. Ellos me han dicho que no tienen recuerdo de cenar conmigo, porque en las cenas nunca estuve. Siempre los dejaba cenados o, sino, regresaba y ellos ya estaban dormidos. Mucha de esa parte me la perdía. La delegué en las mejores manos. Mi mamá ha sido importante también y mi esposo ha sido todo un campeón.
A partir de su experiencia, ¿diría que se puede combinar la vida profesional y la familiar?
Sí, se puede combinar. Depende también de lo que para cada quien sea tradicional. Como yo lo concibo, sí, se puede. Es verdad, no tenía navidades, pero buscaba cómo celebrarlo. No podíamos pasar la vacación juntos, pero yo iba a venía. No podía quedarme a todo el acto del Día de la Madre, pero preguntaba a qué hora salía mi hijo para que él me viera en el momento justo en que estaba en su acto. Hubo un momento, unos dos años, que yo trabajaba doble: presentaba la emisión de mediodía y la de la noche y, entre eso, trabajaba en una agencia de publicidad. Pero, a pesar de todo eso, yo siempre estuve para la vida de mis hijos.

¿Se lamenta de algo que haya sacrificado en todo este tiempo?
Sí, siempre hay lamentos. Hubiera querido vivir algunos momentos con mayor tiempo. Llega un momento en que tus hijos piden tu tiempo y tenés que entrar en negociaciones con ellos para poder llevar todo en orden. Siempre he estado para mis hijos y mi esposo, pero hubiera querido atesorar mejor algunos momentos.
¿Qué mensaje le gustaría dejar a las mujeres salvadoreñas?
Yo quisiera ser más que una portavoz, ser una coach y decirles a las mujeres que sí se puede y que es válido sentirse mal, que se tiene el mundo a cuestas. Estamos en un momento con una sociedad de cristal, donde nuestras vidas pueden ponerse en vitrina de todo el mundo. Así podemos poner nuestra vida en vitrinas y eso implica que tendremos dedos señalándonos, criticándonos. Lo primero es el autoconocimiento, que es parte del sano empoderamiento de la mujer.
Hay que perseguir lo que queremos sin darle cuentas a nadie y sin pasar por encima de nadie. Hay que dar el 100 y el 200 % en lo que hacemos. Si desean ser amas de casa de tiempo completo, ¡perfecto! Si quieren trabajar full time, también está bien. Primero es el autoconocimiento, el empoderamiento equilibrado y abrazar nuestros sueños porque sí se puede.









