L a historia de los esposos Carlos Cabrera y Nohemí Leiva es una trama de amor que cruzó fronteras y hoy se convierte en una apuesta de inversión en El Salvador.

Él, originario de Guadalajara, México; ella, de El Refugio, Ahuachapán. Ambos residen en Estados Unidos y emprendieron un negocio de comida mexicana en ese distrito de la zona occidental, que en julio cumplirá dos años de establecido, motivado por sus raíces, su relación y una visión de futuro compartida.

Cabrera se encuentra en estos días por primera vez en suelo salvadoreño, para cumplir un anhelo que lo acompañó durante décadas. «Ha sido una experiencia muy bonita. Era mi sueño venir a El Salvador», expresó.

Su vínculo con el país no es reciente. Aseguró que desde hace más de 40 años ha tenido cercanía con salvadoreños, pero fue el amor el que terminó de sellar su destino.

«Pude venir porque me conquistó una salvadoreña. Mi esposa es una persona muy linda, la amo mucho. Nos complementamos bien y tenemos buena comunicación», relató.

De sus recorridos por El Refugio y otros puntos del país, Cabrera destacó la tranquilidad y el ambiente que se vive actualmente. «He salido a caminar bien tranquilo, saludo a la gente y todos son muy amables. Me siento feliz», afirmó.

También visitó destinos turísticos como el sitio arqueológico Tazumal, y dijo que lo impresionó por su riqueza histórica. «Recomiendo a la gente que visite estos lugares, que conozca sus raíces y dé a conocer lo bonito de El Salvador», agregó.

Ese arraigo creciente lo lleva a sentirse parte del país. «Me siento salvadoreño, aunque soy mexicano. Incluso creo que ya se me está pegando un poco el acento», comentó entre risas y reafirmó su conexión con la cultura local.

El proyecto que ambos impulsan se llama Mechita La Tapatía, un espacio en el que buscan compartir la auténtica gastronomía mexicana. Más que un restaurante es una extensión de su identidad.

«Queremos que la gente pruebe la comida real de México, con recetas originales. Nos esforzamos por traer ingredientes auténticos, desde el maíz para el pozole hasta las semillas de chile», explicó Cabrera.

En el menú destacan platillos tradicionales como tacos, pozole, tortas, burritos, nachos y mole, acompañados de salsas elaboradas con recetas mexicanas.

VISIÓN CULTURAL
Además, el lugar integra un componente cultural que sus propietarios buscan fortalecer: un pequeño museo con fotografías de personajes emblemáticos de la cultura mexicana como el Chavo del Ocho, el Chapulín Colorado, Jorge Negrete, Pedro Infante, Vicente Fernández, entre otros.

La visión de Cabrera va más allá de un negocio. Planea expandirse a otras zonas del país y generar oportunidades de empleo. «Queremos radicar aquí y dar trabajo. Si todos ponemos nuestro granito de arena, podemos salir adelante juntos», sostuvo.

Asimismo, reconoció que su decisión de invertir en El Salvador está influenciada por el contexto actual del país. Se declaró admirador del presidente Nayib Bukele y consideró que los cambios en la seguridad y la visión de desarrollo han sido determinantes. «Invertir es importante para sumarse al proyecto de país», señaló.

Con la mirada puesta en el futuro, Cabrera no descarta establecerse permanentemente en territorio salvadoreño junto con su esposa. «Espero seguir viniendo más seguido y en un futuro vivir aquí», expresó.

Cuando los esposos no se encuentran en el país, el negocio lo administran dos familiares de Nohemí.

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