A menudo se piensa en el arte como algo grande, que exige espacio, lienzo o volumen. Sin embargo, existe un universo donde la precisión, el detalle y la paciencia son magnificados: el de las miniaturas artesanales. Más que réplicas, estas creaciones son cápsulas de realidad que desafían la percepción e invitan a apreciar lo extraordinariamente pequeño.
En un panorama donde la artesanía tradicional busca nuevos horizontes, la diseñadora salvadoreña Roxana Artiga ha emergido como una figura clave con su marca Xanarti. La firma, cuyo nombre es una ingeniosa contracción de su propio apellido y nombre (Xana de Roxana y Arti de Artiga), es un testimonio de cómo la formación académica y la pasión personal pueden converger para crear un negocio profundamente enraizado en la cultura local, pero con una visión de diseño global. Xanarti es una marca que cuenta historias, explora texturas y, lo más importante, impulsa la innovación social y material.
Desde muy joven, Roxana sintió una profunda pasión por la creación. Y fue la influencia y el estímulo de su madre, una diseñadora ambiental, quien la impulsó a desarrollar su talento.

«Yo admiraba verla trabajar con diseños, con planos, también la parte de la motricidad. Ella me enseñó a dibujar y a raíz de eso fue que en mi infancia y adolescencia tomé diferentes cursos enfocados en el dibujo y decidí elegir otra rama afín a la ilustración, que después se enfocó en el modelismo. Posteriormente, empecé a practicar las demás técnicas, ya que yo quería presentar un producto como una neoartesanía […] También porque soy una persona que le gusta mucho investigar antes de realizar una colección o hacer un producto para ver cuáles son los análogos y los antecedentes», detalla Roxana.
Fue durante su formación en Diseño de Producto Artesanal que consolidó sus conocimientos y sentó las bases para formalizar la idea de la marca en el 2022. «Hice una exploración personal a través de la cátedra de Psicología del Diseño, en el cual mi proyecto final era mi sueño diseñado y ahí comencé a explorar las posibilidades de fundar mi propio negocio», recuerda.

En la universidad desarrolló investigaciones importantes y perfeccionó diversas técnicas, una de las más solicitadas y realizadas es la miniatura artesanal. Su dominio no es casual, se remonta a 2016 cuando la practicaba no como un negocio, sino como una exploración de motricidad fina para trabajos de gran delicadeza.
Actualmente, la arcilla polimérica es su material predilecto para dar vida a piezas que parecen reales, como los tamales miniatura, pan dulce, sorbetes, dulces artesanales, entre otros. Este formato le permite jugar con las festividades. Por ejemplo, para el Día de Muertos creó una edición especial de pan de muerto, y en diciembre crea piezas comestibles y adornos navideños (imanes, llaveros y aretes de pascua).

Un taller de múltiples talentos
La versatilidad de Roxana se manifiesta en el manejo experto de materiales, que van desde lo moldeable hasta lo rígido:
Joyería artesanal con latón: Utiliza herramientas como la segueta y el taladro para lograr texturas específicas. Su reciente incursión en la soldadura de joyería artesanal augura piezas aún más complejas y duraderas, donde siempre utiliza latón.
Cestería con raíces vivas: Se enfoca en el uso de fibras locales y resistentes. El mimbre (un junco traído desde Nahuizalco) es su material principal debido a su resistencia. El proceso es meticuloso, comienza con la fibra mojada para volverla flexible antes de tejerla en un molde. Con esto crea desde abanicos de pared hasta cestas en miniatura para exhibir sus otras artesanías. También incorpora el henequén y el yute. Además, trabaja el tejido con el telar de tapicería y telar indígena.
Mosaicos en azulejo y resina: Ella misma quiebra y selecciona la baldosa para luego ensamblar la ilustración sobre una superficie de madera. El proceso concluye con el uso de masilla para las juntas y un vertido final de resina epóxica, que encapsula y da brillo a la pieza.
La bio-innovación
El éxito de Xanarti reside en su compromiso con la investigación material y la sostenibilidad. A través de una pasantía con artesanas en Comasagua, Roxana decidió dar un uso diferenciador a la tusa, que se usaba limitadamente para muñecas.
Ella formuló un biomaterial de vanguardia: mezclando la fibra de la tusa con fécula de maíz, glicerina y cola blanca logró una pasta que se hornea a baja temperatura. El resultado es un material que sustituye a los aglomerados de madera tradicionales, ofreciendo a las artesanas una nueva fuente de ingresos y demostrando que los residuos agrícolas pueden transformarse en materia prima de diseño. «El objetivo era darle un uso diferente a los materiales que ellas suelen utilizar para encontrar un elemento diferenciador. En vez de utilizar viruta de madera, utilizamos fibra de la tusa, que es lo que tienen más a su alcance», afirma.
Adicionalmente, exploró la cáscara de huevo y descubrió que su alto contenido de calcio, una vez pulverizada, sirve como fortificante para pastas de modelado, incluso a temperatura ambiente, en sustitución de la cerámica.
Si desea adquirir alguna pieza visite su tienda física en el espacio de emprendedores Markeli, en el bulevar del Hipódromo. También puede buscar en redes sociales o ingrese a xanarti.com.






