A pesar de su juventud, de ella emana una firmeza total cuando asegura que nunca ha buscado la fama, el dinero o el reconocimiento mundial. Sin embargo, esa intensidad da paso a una sensibilidad absoluta cuando recuerda el sacrificio que han hechos su madre y su hermana, ambas trabajadoras de la salud, durante el combate a la pandemia de la COVID-19 en El Salvador.
Esa mezcla de emociones son las que definen a Susana Serrano, originaria de Chalatenango y quien, con 23 años, fue galardonada en el «Primer Festival de Cortos de Cine Filmados con Celular» organizado por la Escuela de Cine y Arte Audiovisual de El Salvador (ESCINE) gracias a su cortometraje «Phosphoros». Además, también fue una de las ganadoras en el segundo festival de cine de la Organización Mundial de la Salud (OMS).
Todo eso, según señala Susana, todavía la deja asombrada por todo lo que ha logrado gracias a un cortometraje que trabajó únicamente con los recursos que tenía a la mano en su casa, sin contar con recursos de alta tecnología, sin preparación cinematográfica y superando muchas dificultades técnicas en el camino. A pesar de ello, Susana es consciente que está logrando su objetivo: llevar un mensaje de sensibilización y un homenaje dedicado a los trabajadores de la salud en el mundo.

Primero que todo, ¿quién es Susana Serrano?
Creo que tengo dos partes: esta Susana, la chica que está ahora en todos los medios y esta “Susy”, la amiga que comparte momentos de locuras con mis amigos. Estoy estudiando el penúltimo ciclo de la Licenciatura en Periodismo en la Universidad de El Salvador (UES).
¿Cómo nació tu interés por participar en el Festival de ESCINE?
Este festival lo lleva a cabo la Escuela de Artes Visuales y Cine (ESCINE) con el objetivo que los salvadoreños, incluso los que están fuera del país, participen. Vi las producciones de algunos compañeros que iban a participar en este festiva, pero no había mucho tiempo porque las vi cuando ya finalizaban y todos iban a entregar las producciones. Luego, la escuela dio otros días más para enviar o retocar las obras y, entonces, le comento a mi hermana que tenía oportunidad.
Ella, Sara Serrano, estudia medicina y mi mamá es promotora de salud. A raíz de eso hemos vivido muy de cerca todo lo que ha estado enfrentando el personal médico. Con mi hermana hablamos sobre mostrar esta parte en el cortometraje. Ella me ayudó en gran parte de la historia y en mi cabeza tenía la película mental y busqué los métodos para hacerlo.
¿Cuáles fueron los obstáculos más complicados que tuviste que superar para realizar «Phosphoros», el documental con el que participaste?
Lo primero es que decidí usar la técnica de Stop Motion porque no tenía actrices o actores que me colaboraran. En mi cabeza estaba el concepto de que el personal médico son personas de luz, que iluminan y que emiten ese sentido de esperanza de que todo va a mejorar. En mi cabeza estaba el concepto y decidí caracterizar con los fósforos. Lo hice con todo lo que tenía en casa.
Yo desconocía cómo se lleva a cabo el Stop Motion, así que me empapé de información en internet. En toda la información decía que la cámara debía estar muy estable. Así que esa fue otra dificultad, porque no tenía un trípode para estabilizar el teléfono. Me tuve que valer de un material para estabilizar flores. En eso puse el teléfono, un iPhone 7, para poder estabilizarlo.

Aparte de eso, no contaba con luces, así que le tomé prestada a mi mamá una luz que tenía. Otra dificultad era que yo no tenía internet residencial en mi caso así que todo era datos, datos y datos. Además, me estaba adaptando en la universidad en línea, algo que también me quitaba tiempo para trabajar en el proyecto.
Además, no tenía una computadora donde editar, así que he utilizado la de mi hermana, pero ella no tenía el programa para editar. En eso, revisé que Adobe Premiere te da una prueba gratis, así que edité con ese tiempo gratuito que te da el programa. Edité el último día de la entrega. En la convocatoria decía que teníamos hasta las 12 de la noche para enviar la producción. Por el mismo internet lento yo la envía entre 11:30 y 11:45. Me quedé pensando que quizás no les había llegado. Pero al siguiente día recibí la confirmación de recibido.
¿Te desanimaste en algún momento ante todas esas dificultades?
Fue un sacrificio porque tuve que desvelarme. Me tardé casi dos días caracterizando y haciendo los escenarios y las demás noches fueron para animar el cortometraje. Inicié a trabajar en cuatro o cinco días desde las 10 de la noche hasta las 4 de la mañana y luego me levantaba a mis actividades académicas. En un momento ya no iba a seguir, incluso por cuestiones médicas. Mi mamá también se preocupaba. Pero decidí seguir adelante.
¿Quedaste satisfecha con el trabajo que realizaste?
Desde el momento en que las personas a las que les mostré la producción entendían el mensaje, para mí ya era ganancia. No hice esto por competir o ganar. Lo hice porque quería experimentar el mundo del cine y las animaciones. Yo solo quería contar una historia y, quienes la vieran, pudieran entender lo que yo quería transmitir.
¿Cuál es esa historia que querías dar a conocer?
Toda la inspiración surge a raíz de mi mamá y de mi hermana. Yo veía el sacrificio y viví momentos fuertes en días en que yo no veía a mi mamá. Ella llegaba a casa, se quedaba encerrada en su cuarto y todo era para no contagiarnos. Conocí de cerca a mucho personal médico que no pudo sobrevivir a esto y todo fue demasiado fuerte.
En la historia se narra eso. Es un homenaje al personal médico, el cual se ha estado enfrentando con todo su ser a esta pandemia y, al final, nos dan esperanza. Esto trasciende a un trabajo. Están dejando su vida por nosotros y la historia relata eso: el sacrificio que el personal médico hace en el combate a la pandemia y la esperanza que nos dan a través de ese sacrificio.

Con esta experiencia que tuviste en la realización de «Phosphoros», ¿nació en vos el deseo de dedicarte a hacer cine en El Salvador?
Sí. De hecho, gracias a Escine yo he experimentado muchísimas cosas más. Haber ganado el festival era algo que yo no me creía porque el jurado es gente preparadísima. Yo veo mi producción y sé que, en cuestión técnica, no cuenta con las características de cine profesional, así que no lo creía.
A raíz de eso nace el creer en mi trabajo y por eso lo envié a otros festivales. De hecho, estuvo en la selección de festivales de cine, cine con teléfono, cine relacionado a la pandemia en Brasil, Estados Unidos, la India, Arabia Saudita y otros países más.
Voy a seguir creando, pero la cuestión universitaria se pone enfrente y digo: debo terminar mi carrera ahorita y luego veré si sigo en esto. Sabemos muy bien que estudiar cine es muy caro e implica salir del país y eso es más caro.
¿Cuál fue la reacción en el exterior al ver, no solo el desarrollo técnico de tu documental, sino el mensaje que buscabas plasmar?
En esos festivales recibí menciones honoríficas. Los jurados me han dicho que no es solo la cuestión de haberlo hecho con un presupuesto bajísimo o por el tipo de recursos que utilicé. Es la cuestión de la historia, la cual está muy bien desarrollada y que cualquier persona, aunque no hablés español, entendés la historia y he ahí la carga del cine: contar una historia y que tu público la entienda.
La mayor experiencia es que mi hermana, quien está pendiente de redes sociales de entidades médicas, me aviso que la Organización Mundial para la Salud (OMS) estaba haciendo un festival de cine mundial y me dice: «Enviá el corto», y le respondí: «Es que hasta ese nivel no llegó». Muchas veces, los conceptos sociales que tenemos hacen que nos limitemos a hacer otras cosas. Pero, al final, lo envié, llené toda la documentación de la inscripción y todo chivísimo.
Lo impresionante es que me escribe la comunicadora de la OMS y me pidió que llenara otros papeles porque el cortometraje estaba entre los finalistas en la categoría de Cobertura Universa Sanitaria. Superemocionada lo mandé y le comenté a mi hermana. Lo compartí con mis amigos y conocidos, todos felices. Pero nunca, de los nunca, me imaginé que iba a llegar hasta ese momento tan glorioso que me sucedió.
Me enviaron la comunicación para la premiación. El evento fue en Ginebra, Suiza, y fue a las 3:00 de la mañana acá en El Salvador. Desde esa hora, con mi mamá, nos levantamos y vimos la conferencia de prensa del director de la OMS. Comenzó a nombrar a los ganadores y de mi categoría, dijo que yo era la ganadora. Me quedé paralizada, mi mamá estaba llorando. Nunca voy a encontrar una palabra que realmente expresé lo que yo sentí en ese momento. Fue un cúmulo de emociones. Estaba super feliz. No lo creía. Recibimos comentarios muy buenos por la producción.
¿Animarías a otros jóvenes a involucrarse en este tipo de festivales como el Festival Escine?
Sin duda. Creo, y soy testigo y prueba, de que en nuestro país hay gente muy talentosa que por conceptos sociales y limitaciones de dónde soy y de dónde vengo, dejando de llevar a cabo este tipo de cosas. Invito a cualquiera que quiera incursionar en el cine, en pintura, música, etcétera, que dejen de limitarse y que lleven a cabo sus sueños. Las ganas de hacer las cosas matan las limitantes que podás tener. Si tenés las ganas de hacerlo, pues hacelo. Si realmente lo querés hacer, hazlo.
Y a las instituciones, ya sea públicas o privadas, ¿qué les dirías? Que apoyen el talento que existe en la juventud. Espero que mi galardón no solo sea para decir que puse el nombre de El Salvador en alto, sino que sea un pequeño ejemplo, una realidad que está y que debe atenderse. Las instituciones, de cualquier índole, sea privada o pública, deben interesarse a trabajar con los jóvenes, tanto los que tienen los recursos económicos, como los que no tienen estos recursos. Hay gente muy talentosa. Hay gente que solo necesita ese polvito de hada mágico para abrir sus alas, despegar y mostrar el talento que tienen. Espero que lo que me ha pasado sea un ejemplo de lo que se puede lograr con o sin recursos.









