Desde las historias bíblicas hasta las leyendas de la selva, las serpientes y culebras han ocupado un lugar especial, a menudo temido, en la psique humana. Estos reptiles sin patas, que se deslizan sigilosamente, son protagonistas vitales de casi todos los ecosistemas del planeta.
Las serpientes pertenecen al suborden Serpentes (u Ophidia), dentro de la clase Reptilia. La evidencia fósil y genética sugiere que las serpientes evolucionaron a partir de ancestros lagartos que inicialmente tenían patas.
Existe una enorme diversidad, con más de 3,900 especies conocidas en todo el mundo, distribuidas en casi todos los continentes, excepto la Antártida. Viven en desiertos, selvas tropicales, océanos (serpientes marinas) e incluso en el corazón de las ciudades.
De ellas, más de un 10% son venenosas y, según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), 138, 000 personas mueren cada año a causa de su mordedura.
«En El Salvador tenemos nueve serpientes venenosas que se dividen en dos familias. Recientemente, en el 2023 descubrimos la primera serpiente venenosa arborícola del país, la Bothriechis thalassinus. Logramos descubrirla en la parte montañosa de Chalatenango por un accidente ofídico, es decir, mordió a una persona y lastimosamente mataron al animal, por eso logramos identificarlo, porque se hizo todo el procedimiento taxonómico. Para eso, tuvimos apoyo de parte de un museo de zoología de Estados Unidos para hacer la veracidad de la clasificación y posteriormente se publicó la nota científica», explica la bióloga e investigadora, Monserrath Coto.

¿Serpiente, culebra o víbora?
En el lenguaje popular, el término «culebra» y «serpiente» se utiliza para nombrar a cualquier reptil sin patas, sin embargo, no todas las serpientes son culebras, pero sí todas las culebras son serpientes.
«Todas son serpientes en general, en ellas se dividen las culebras y las víboras. Las culebras, de la familia Colubridae, no son venenosas, pero hay muchas más familias no venenosas. Víboras solamente son de la familia Viperidae y de la otra familia Elapidae, donde se encuentra la serpiente marina y la coral verdadera», detalla la bióloga.
Para saber diferenciar de manera visual si es venenosa o no, existen algunas características como en el caso de las serpientes que tienen escamas quilladas (es decir poseen una línea al centro), sus fosetas loreales son diferentes a las no venenosas (en algunos países le llaman cuatro narices) y la cola puede iniciar con un grosor en el cuerpo y termina de manera más delgada, aunque también existen ciertas culebras que imitan la apariencia de las venenosas como una forma de protegerse. «Dicen que las serpientes que tienen los ojos de gato, o sea, los verticalmente elípticas, son venenosas y no. Si es cierto que todas las venenosas tienen el ojo de forma elíptica, pero también hay serpientes no venenosas que tienen ese ojo, ¿por qué? porque son nocturnas. Entonces, les da la facilidad de poder ver en la noche y alimentarse de noche. Por ejemplo, la mazacuata tiende a ser confundida con una venenosa por su forma de ojos y por su forma agresiva, además de ser la especie que más sale en las casas por la época de lluvia», agrega la investigadora.
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