El pasado 30 de mayo, Mirna Granados, de 51 años, fue diagnosticada con cáncer de mama. Ella cuenta que había notado una pequeña bolita superficial en el pecho, pero no le dio importancia hasta el momento que se hizo los exámenes de rutina y se lo comentó al especialista, quien le sugirió un ultrasonido mamario.
«Una ginecóloga amiga me mandó a hacer la biopsia, y me mandó con el doctor [Stanley] Alvarado. Llegué el 15 de junio y el 25 de junio me había operado la mama izquierda, salió maligno en el estudio y estoy en proceso de quimioterapia», relata.
«Siempre le pedí al Señor que no me diera miedo, porque creo que el miedo es más terrible que la enfermedad, y hasta el día de hoy ese miedo no ha llegado de pensar que me voy a morir», afirma.
«Dios ha sido grande conmigo, en primer lugar porque no me ha faltado nada económica ni moralmente, a pesar de que yo no tenía las posibilidades económicas para entrar en un proceso de quimioterapia privada», señala.
Mirna es residente en la playa El Maculis, en Conchagua, La Unión, y cuando fue diagnosticada con cáncer de mama laboraba haciendo oficios domésticos para un sacerdote.
Hace siete años emigró a Estados Unidos, luego de que su esposo falleció a manos de la delincuencia, pero la vida en la nación norteamericana no le terminó de encantar ya que su temor era enfermar sin beneficios médicos como inmigrante ilegal, y después de cuatro años decidió retornar a su país.
«Me vine hace tres años, pero fui descuidada, eso sí lo puedo decir, fui descuidada porque no me preocupé en buscar médico, y quizás si yo hubiera tratado esto mucho antes no hubiera llegado a la cirugía, ni estar en el proceder que estoy», comenta.






