En el mundo de la medicina se dice que el objetivo es aliviar el dolor y salvar vidas. Para Leydi Nicol Durán Melara, conocida artísticamente como Leydi Melara, ese alivio no solo llega a través de los fármacos, sino también por medio de las melodías que interpreta frente al público.

A sus 21 años, esta joven originaria de Apastepeque, San Vicente, está demostrando que la determinación es el mejor antídoto contra el cansancio. Mientras muchos jóvenes de su edad luchan por definir su camino, Leydi ya recorre dos senderos con paso firme, equilibrando la rigurosidad de los libros de anatomía con la energía vibrante de los escenarios.

Aunque hoy es una universitaria dedicada, su romance con la música no es nuevo. «Ya tengo ocho años de andar en este mundo artístico. Comencé a los 12 años y desde entonces allí andamos», relató Leydi a Diario El Salvador.

Lo que comenzó como una pasión temprana se ha convertido hoy en su principal motor económico. Leydi confiesa con orgullo que es gracias a sus presentaciones musicales que logra costear sus estudios universitarios en una universidad privada, donde cursa el tercer año de su carrera, y le permite avanzar hacia su sueño de convertirse en doctora.

Durante los ciclos lectivos, se ve obligada a sacrificar contratos y eventos para no descuidar sus notas. Si la carga académica lo exige, el micrófono se guarda. «Trato de llevar de la mano lo académico con lo artístico, pero mi prioridad es coronar mi carrera universitaria», detalló.

Sin embargo, aprovecha las vacaciones de Navidad y Año Nuevo para potenciar su faceta de cantante y conectar con la salud física y mental de quienes bailan con sus canciones.

Curiosamente, la joven que brilla en las tarimas mantiene un perfil bajo en los pasillos de su facultad. Aunque algunos compañeros y docentes han descubierto su talento —ya sea por redes sociales o por el «boca a boca»—, la joven confiesa que nunca se ha presentado formalmente en su universidad. En las aulas, es una estudiante más, dedicada a aprender cómo salvar vidas, mientras que fuera de ellas, ya está salvando corazones a través de la música.

La historia musical de Leydi tiene un escenario establecido: el programa Noches Rancheras en la plaza pública de Apastepeque. En aquel entonces, armada únicamente con valentía y el apoyo de una pista de karaoke, decidió subir al escenario para probar suerte.

«Decidí ir a probar en el karaoke […] y desde ese entonces me escucharon cantar y me invitaron a diferentes actividades para que cantara», recordó con nostalgia la joven artista.

Su debut oficial como artista profesional ocurrió bajo el marco de las fiestas patronales de Santa Clara, San Vicente. Esa noche, Leydi rompió el hielo con un clásico de la música regional mexicana: «Te quedó grande la yegua», de Alicia Villarreal.

El impacto fue inmediato: «me comenzaron a aplaudir. Me dijeron que cantaba muy bonito. Vi el apoyo y desde entonces no he parado de cantar», relató Melara, quien atesora ese momento.

Detrás de la voz de Leydi hay un pilar fundamental: su madre. Más que una figura familiar, su progenitora se ha convertido en su mánager y guía estética.

Ella es la encargada del repertorio para cada show y de supervisar el vestuario que lucirá en el estrado principal. «Ella es mi mánager. Me ayuda con la música y me dice cómo vestir», explicó.

Aunque confiesa que las rancheras son su género predilecto y el que más disfruta interpretar, ha desarrollado una versatilidad admirable para adaptarse a cualquier público.

Su repertorio es un recorrido por diversos ritmos populares como rancheras, música de banda, cumbias, baladas, merengue, entre otras.

Esta capacidad de interpretación le ha permitido trascender las fronteras de El Salvador, llevando su talento a escenarios en Guatemala, donde ha cosechado el cariño de un público internacional que valora su carisma y entrega.