Para febrero de 2021, la Organización Mundial de la Salud (OMS) estableció que en el mundo había al menos 2,200 millones de personas con deterioro de la visión cercana o distante.
En al menos 1,000 millones de esos casos, es decir, casi la mitad, el deterioro visual podría haberse evitado o todavía no se había aplicado un tratamiento.
Entre los niños, las causas del deterioro de la visión varían considerablemente de un país a otro. Por ejemplo, en los países de ingresos bajos, las cataratas congénitas son una de las causas principales, mientras que en los países de ingresos medianos, la principal causa es la retinopatía del prematuro.
Los niños pequeños con deterioro de la visión grave de inicio temprano pueden sufrir retrasos en el desarrollo motor, lingüístico, emocional, social y cognitivo, con consecuencias para toda la vida.
Y en el caso de los niños en edad escolar con deterioro de la visión, también pueden presentar niveles más bajos de rendimiento académico.
La OMS alerta que el deterioro de la visión afecta gravemente la calidad de vida al llegar a las etapas adultas, lo que a su vez impacta las tasas de participación en el mercado laboral y de productividad y suelen registrar tasas más altas de depresión y ansiedad.







