«Mi casa es muy amplia y todos somos amigos y no parientes, todos amamos la verdad, la libertad y la justicia, a más de la belleza, a la cual dedicamos nuestra vida en la mejor parte». Estas y muchas palabras más, aún sobreviven a la presencia física del gran Salvador Salazar Arrué, gracias a que su casa se mantiene con vida y con buena parte del acervo cultural e histórico que creó el grande de la narrativa en El Salvador.
Rodeado de naturaleza y un clima agradable, el recinto que se ha convertido en La Casa del Escritor y Museo Salarrué resguarda varias de las pertenecías del escritor y poeta, así como también diferentes datos históricos con los que se describe la vida y obra del personaje.

Según el director del espacio cultural, Alberto López Serrano, La Casa del Escritor o villa Monserrat, como también es conocida, es el sitio donde Salarrué y su familia vivieron desde 1958, un lugar considerado patrimonio de El Salvador por su valor cultural y porque el inmueble perteneció a uno de los escritores más enigmáticos del país.
«La casa se fundó en homenaje a él y su familia. Si bien no fue donde el nació ni creció, pero fue la última vivienda de su vida y qué mejor que convertirla en un pilar importante de formación literaria y acervo cultural», comenta.
Tras finalizar su cargo como agregado cultural de la embajada de El Salvador en Estados Unidos, Salarrué retornó al país a vivir en la casa que ahora exhibe su legado.

Junto a él, también compartieron domicilio, su esposa Zelié Lardé y sus 3 hijas, Olga Teresa, Aída Estela y María Teresa, esta última conocida como Maya Salarrué.
En el lugar, de hermosos acabados y amplios espacios, aun es perceptible la buena escritura y el característico trazo de quien la habitó.
Sus salones llenos de arte, literatura y otras destrezas, resultan el lugar perfecto para recordar y homenajear a uno de los precursores de la nueva narrativa latinoamericana, el gran Salarrué.
Un espacio para el arte y el artista
Entre fotografías de él y su familia, libros, escritos y demás artículos, La Casa del Escritor abrió sus puertas al público en el 2003 y desde entonces, además de ser un museo, provee espacios importantes para la formación profesional de nuevos artistas salvadoreños.
Así lo comenta el director de espacio cultural, Serrano quien, además, manifiesta que este lugar, también, se enfocada en realizar talleres y eventos literarios como: recitales, conversatorios y presentaciones de libros de escritores salvadoreños, talleres de lectura y artes manuales.

Dichos espacios están abiertos al público en general como parte de los proyectos que pone a disposición el Ministerio de Cultural de El Salvador.
«La casa desde que fue inaugurada fue pensada como museo, pero también como una forma de apoyar las artes plásticas y a los artistas. Aquí es un lugar para exhibir y mostrar trabajos de artistas salvadoreños emergentes», dijo.
Las mujeres Salarrué
Bajo la gran influencia de Salarrué, era casi imposible que sus hijas no sucumbieran ante los encantos de el arte y sus bellezas. Estas jóvenes, no solo retomaron los grandes dotes de su padre si no que gran parte de sus cualidades artísticas fueron forjadas por su madre Zelié Lardé.
Es por eso que en homenaje a ellas la casa ha destinado una sección para difundir su obra y legado. El dibujo, la escultura, la música, entre otras manifestaciones, formaban parte de la vida de esta familia artística, por lo que no se puede dejar de lado el talento que poseían las mujeres Salarrué.

«Su familia era completamente artística. En el caso de Zelié, a veces queda opacada por la figura de su esposo Salarrué, pero en verdad era una gran intelectual. Escribía relatos, artículos para periódicos, hacía escultura, pintaba y, sin duda, fue una gran influencia para el escritor», afirma Serrano.







