Cantos gregorianos, sonidos árabes, influencia española y ritmos africanos son parte de las raíces multiculturales que componen el flamenco, tanto en su música como en su baile.
En el país, esta manifestación cultural es mínima, ya que su preparación demanda aprender con expertos y hasta ahora pocos grupos saben cómo hacerlo.
«El flamenco es un baile folclórico del sur de España, de Andalucía específicamente. La gente se buscaba la vida bailando, cantando. Entonces, nace del dolor, nace de las entrañas, por eso cuando se baila, canta o toca tiene que hacerlo con el corazón, porque se siente, se transmite desde el corazón», afirmó Yeyé Gálvez, fundador de Alma Flamenca.
El grupo surgió hace 10 años y está integrado por cinco músicos: Levi Reyes y Rigoberto Reyes (guitarristas); Manolo Chacón (percusionista) y Francisco Gálvez (cantante), conocido como Yeyé.
Junto con ellos bailan jóvenes ataviadas con vestidos hasta los tobillos, muy coloridos y con revuelos. Usan abanicos, flores en el pelo y castañuelas. Dependiendo de la melodía, una, tres o más jóvenes pueden acompañar al grupo.
Su característica al presentarse es el «floreo», o movimiento ágil de manos. Además del zapateado que marca el ritmo de los instrumentos o las pausas del cantante.
«Lo más difícil de la gente en nuestra tierra es llevar una polirritmia, como se llama musicalmente, porque en el flamenco se mezclan los ritmos del dos y del tres en cuanto al tiempo. Nosotros, en la música occidental, estamos acostumbrados a que solo contamos en cuatro y plano. El flamenco no, tiene cuentas variables y eso hace que la gente no entienda por dónde va, ni por dónde empieza, ni por dónde termina», agregó Yeyé.
El género musical es una mezcla de elementos culturales, que no nació con un instrumento en específico, no obstante, la guitarra es básica. Con el pasar del tiempo, se han agregado instrumentos musicales, según la necesidad de cada cantaor. «Primero fue el cante, fue un ayeo luego cuatro culturas. Los moros, los judíos, los andaluces y los gitanos empiezan a retomar parte de la Biblia y le ponen letra al ayeo. Es como una mezcla de cultura que se funde. Posteriormente, entra la percusión y la guitarra», señaló Gálvez.
Por tener muy poca difusión, muchas personas no lo conocen. Según Yeyé, alguien que quiera entenderlo primero debe sentirlo.
«Las palabras confunden, pero si tú sientes, eso no te engaña. Es de llegar, escuchar un concierto y experimentarlo, simple. Y allí sacar las conclusiones si les gusta o no les gusta», indicó. Debido a la manifestación cultural, única y múltiple que representa el flamenco en el mundo, la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco) lo reconoció como patrimonio cultural inmaterial, y es celebrado cada 16 de noviembre.

Foto//Guillermo Martínez
Explosión de sentimientos
El flamenco como baile incluye un alto grado de improvisación personal, cargado de dolor, alegría, pasión, angustia, amor o desamor, entre otros sentimientos, que se denota en el rostro de las bailarinas.
«Flamenco es bailar con el corazón, además de una técnica. Lo rico de este arte es que no existe un solo palo, (estilo de flamenco), ya que existen miles y cada uno es diferente, dependiendo la región de España. En El Salvador, el oído del salvadoreño está acostumbrado a la rumba flamenca», indica Yessi de Mateu, profesora del grupo de baile de flamenco Tres Romeros, que suele acompañar en las presentaciones a Alma Flamenca.
Cada pieza está cargada de zapateados, contorneos de cuerpo y brazos, que dependerá mucho de la interpretación del «cantaor». «Si es una rumba, tango, bulería, lo hacemos con mucha alegría en el rostro; si es algo como soleá, que es un poco más triste, más tenue, se puede ir con un rostro que denota fuerza o tenacidad», agrega Yessi.
La profesora explica que los revuelos, pulseras, castañuelas, flores y abanicos dependerán del tipo de palo que bailan.
«Si yo bailo una guajira, que es algo como un vals, uso un vestido de colores claros y un abanico blanco. Si yo bailo una soleá puedo usar hasta un vestido negro», indica.
Otra diferencia es el floreo de manos. La profesora indica que cada estudiante lo puede personalizar, siempre que respete el compás.
«Eso es lo que tiene el flamenco, le aportas con tu persona un toque diferente, aprendemos las mismas técnicas, pero a la hora de bailar cada una le da su toque personal», comenta Beatriz Archila, una de las integrantes de Tres Romeros.
El zapateado
Es una técnica donde la persona se convierte en músico y su instrumento musical son los pies con los zapatos de flamenco. Los sonidos que emanan en el baile provienen de la punta y el tacón del calzado, el cual posee unos clavos que han sido colocado con la finalidad de hacer zapateado.
«Los zapatos son importantísimos, sobre todo a la hora de hacer cierre para que lleve intensidad. El flamenco tiene una estructura, tanto el músico y el bailaor tienen que estar en sintonía y respetar el compás. Por ejemplo, si Yeyé está cantando yo haré solo marcajes; si él no canta, yo puedo hacer un cierre», relata Yessi.

Los palos del flamenco
A cada una de las variedades tradicionales del cante o baile flamenco se les conoce como palo, entre los básicos se encuentran:
Alegrías: como su nombre indica, es uno de los palos flamencos más festivos
Bulerías: Se distingue por ser un palo con un ritmo rápido y redoblado y que se presta más que otros al jaleo y las palmas.
Fandangos: Son unos palos muy melódicos. La mayoría de los fandangos no siguen un ritmo muy marcado y no se bailan, porque el cantaor tiene toda la libertad de modificar el ritmo y tempo.
Tangos: Está considerado como uno de los palos básicos del flamenco, existiendo variadas modalidades.
Sevillanas: Son un cante y baile típico de Sevilla que ha ido evolucionado con el paso del tiempo y que mezcla la tradición con las nuevas costumbres. Acá se utilizan las castañuelas.
Soleas o soleares: Se discute si su nombre viene de soledad, o de solear, es decir, ponerse el sol. También es un cante solemne, con sentimiento, y es uno de los pilares de los palos flamencos.







