Su nombre es en honor de Señora Santa Ana y lo lleva por tercera generación (su madre y su abuela también se llaman Ana) y a sus 20 años ha cumplido uno de sus sueños como pintora: restaurar la imagen de la patrona Señora Santa Ana, de quien se considera devota desde siempre, como su gusto por la pintura y los pinceles.
Ana María Aguilar Sanabria actualmente cursa tercer año de la Licenciatura en Diseño Gráfico y a los cuatro años desarrolló su gusto por la pintura. Y 12 años después comenzó a involucrarse de lleno en la técnica del óleo en las clases formales con el maestro Léster Herrera, un reconocido artista santaneco.
Su pasión por la pintura se ha desarrollado a la par de su devoción por la Señora Santa Ana, madre de la Virgen María y abuela del Niño Jesús, quien ha sido parte de su obra en diferentes cuadros.
La carrera de la joven artista ha ido creciendo a pasos acelerados; en menos de cuatro años ha cumplido uno de sus sueños como devota de la Señora Santa Ana, ya que este año contribuyó en el proceso de restauración de la imagen del altar mayor de la catedral al intervenir la pintura general de la imagen, un trabajo que la ha llenado de satisfacción.
«Para mí es un completo honor tener esa oportunidad de restaurar y formar parte del registro histórico de la imagen de la Señora Santa Ana debido a que yo desde pequeña he sido fiel devota de ella. Mi abuela se llamaba Ana, mi madre se llama Ana y yo me llamo Ana en honor de la Señora Santa Ana, no es coincidencia, mi papá le hizo la promesa», dice la joven pintora.
Antes de la restauración de la histórica imagen, que posee más de 450 años, la artista santaneca también había hecho trabajos de intervención de las imágenes de san Joaquín y otras, las cuales llevan su sello.
La pintora señala que los trabajos de restauración en esta clase de imágenes deben ser imperceptibles al ojo humano, que se hacen basándose en el registro histórico y respetando los colores y las tonalidades originales, un trabajo especializado.
La emoción embarga a la artista al punto de las lágrimas al describir la satisfacción que siente, a su corta edad artística, el poder trabajar la restauración de la imagen de quien es devota desde pequeña.
«Es un gran honor estar haciendo historia y siempre desde la línea religiosa que es lo que más amo. Me gusta mucho trabajar el arte sacro, el arte religioso y trabajar con la iglesia es todo un honor. Yo sé el valor histórico que tienen esas piezas, pero el valor, el cariño que le tenemos, la devoción a la Señora Santa Ana es increíblemente grande», manifiesta Ana María.







