«La casa, la enagua» es una propuesta de «performance art» de Alexia Miranda que se encuentra en el Museo de Arte (MARTE), donde la artista retoma la idea del miriñaque (una estructura amplia utilizada por las mujeres acomodadas del siglo XIX que se usaba debajo de la ropa) y la enagua (falda usada sobre la ropa interior).
Ambos objetos han sido representados a través de la construcción de una gran estructura metálica que ha sido intervenida con gasa estéril, con la que se ha creado nudos conectados entre sí.
«La pieza refleja una falda de la mujer que fue reprimida y, luego, alberga, contiene, emancipa, libera, protege y nutre. Los tejidos que he ido elaborando con gasa médica han tenido la finalidad de cuestionar, unificar, crear ritmos, trazos, comunidad y línea de convergencia. La gasa es un elemento que se usa para sanar y curar, entonces, al utilizar este material el deseo es sanar un símbolo que ha sido utilizado como icono de represión», explicó Miranda.
La pieza ha tenido diversas intervenciones para reflejar un proceso de cambio. Miranda la empezó a crear sola, pero luego hubo participación por parte del público, es decir se volvió arte colectivo.




Otra forma de intervención por parte del público, cuando el tejido estaba en el piso, fue cuando las personas se colocaban en el centro de la esfera metálica y mediante un juego de luces se obtenía (en la pared) la sombra de un cuerpo con una falda gigante.
Para los tejidos, la artista se esfuerza porque sean simétricos y matemáticos, ya que cuenta los cuadrantes y busca que las logren armonía estética y sigan un patrón.
Originalmente, la obra fue usada como una enorme falda tejida y luego se fijó al techo para dar forma a una especie de casa viva, al permitirse que todos los que deseen pueden ingresar en ella. Además, las últimas hebras llevan cascabeles y campanas, convirtiéndola en una pieza sonora que tintinea mientras la gente teje o ingresa en ella.
«Se teje en círculos por la necesidad de trabajar democráticamente y darle la validez, ecuanimidad y el valor a cada una de las personas con las que se teje. Este es el primer tejido que hago que tiene la cualidad de ser sonora. Me interesaba que sonara para que se convirtiera en un espacio lúdico e interactivo que genera una atmósfera y cubre en una cierta vibración, porque el sonido lo es», dijo.
Para Miranda, el tejido es una «manera de dibujar y un trazo en el espacio», ya que «somos seres que estamos tejidos por todas partes como nuestra piel, relaciones y la naturaleza».
«“La casa, la enagua” viene como respuesta a todas las investigaciones y procesos de crear un tejido que me llevara más allá, ocupando y habitando una forma impuesta como es el miriñaque en el siglo XIX, que en su momento surge como un atuendo de moda sumamente estético, pero a la vez como un objeto de represión fuerte en el cuerpo de la mujer que separa el cuerpo íntimo del mundo exterior, es decir, el cuerpo de la mujer estaba enjaulado».
Al hablar sobre su obra en general, Miranda dice haber utilizado distintos «discursos» en cada uno de sus «performance», muestras textiles o dibujos por medio de los cuales ha denunciado y señalado los tratos patriarcales y roles impuestos socialmente a las mujeres.
Su actual pieza en el MARTE será parte del Nuit Blanche que se llevará a cabo el 16 de noviembre en el Centro Histórico de San Salvador para que continúe siendo intervenida por el público.
Y en marzo del 2025 estará tres meses en el Museo Ex Teresa Arte Actual, de la Ciudad de México.


Su inicio con los tejidos
La artista cuenta 20 años de experiencia en el tejido y ha experimentado diversos rubros en los que le han permitido crear diversas piezas y «performance».
«La obra ha sido el resultado de muchos años de tejido que inicié en el 2011 con el proyecto Catapulta con mi colega Rodrigo Dada, trabajando y tejiendo en los espacios públicos para cuestionar a la ciudadanía y generar un espacio de sanación tejiendo con gasa médica, liberándolo de la violencia diaria», dijo.
En 2019, viajó a la Bienal de La Habana, en Cuba, donde desarrolló un trabajo de tejido colectivo.
«Allá se tejió en colectivo con piezas que tenían entre cinco a seis metros de alto, en el Centro de Arte de Wilfredo Plan», comparte.
Otra rama que ha experimentado es el tejido corporal, donde su cuerpo es como la aguja y ella va amarrando lienzos en un árbol.








