Los silbidos y abucheos de los casi 6,000 hinchas que llegaron al coloso de Monserrat se quedaron cortos. El Salvador, con David Dóniga a la cabeza, volvió a ofrecer una versión destempleada en la que solo un gol de Styven Vásquez, en el 83′, logró calmar la paciencia y dar vida a una Azul que volvió a coger la punta de la tabla del grupo A, en la Liga B de la Liga de Naciones de Concacaf.
Marcó de entrada la armada de David Dóniga un arranque prometedor. Empujó la hinchada congregada en las gradas y butacas del Cuscatlán desde que sonó el himno nacional y en respuesta tuvieron tres minutos de presión alta en los que se aplaudió el despliegue ofensivo de Nathan Ordaz, por izquierda, y un robo que Darwin Cerén desaprovechó al pecar de egoísta y rematar desviado.
El 3-4-3, desbocado en ofensiva, que expuso Dóniga sobre el césped y que marcó como grandes novedades la incursión de Henry Romero en la zaga y Ordaz entre el batallón de asalto, sin embargo, no tardó mucho en desencantar.
Primero porque el cronómetro se devoraba el tiempo a la velocidad de la luz y la pizarra no se movía del cero, y segundo porque una vez Bonaire le cogió las dimensiones a la cancha intentó imponer su físico y velocidad y no dejó de poner en aprietos a una Azul partida que dejaba lagunas en el ecuador de la cancha.
Así, no tardaron en brotar los silbidos toda vez que, sin claridad de pase, se aseguró el balón jugando hacia atrás o se fue impreciso en el toque de balón. En ese lapso que abarcó la media hora de juego la hinchada solo se emocionó con un zurdazo de tiro libre que llegó tibio a las manos del meta Denyor Cicilia.

Hasta ahí Francis Castillo que era el otro puñal de Dóniga y que buscaba ofender por derecha no cogió ni un «refrío», pero se ganó volver al engramillado tras la pausa, luego de cambiar posición con Ordaz y firmar dos galopes a los que le faltó tiza para acabar en grito de gol.
En el 37′, se escurrió en velocidad por izquierda y centró preciso para Cerén que frente a la portería remató al horizontal perdonando la mejor de las ocasiones que pintó el primer acto.
Lo mismo hizo Nelson Bonilla. El capitán de la selección cuscatleca, que salió silbado abucheado y abandonó el terreno de juego exigido por la afición, también despintó el travesaño con un testarazo, en en el 42′.

Los fallos provocaron un mar de lamentos y si Darwin y Nelson perdonaron la hinchada no los perdonó y los mandó a las duchas bajo silbidos y bajo un «boooo» generalizado.
En la bajada del telón las deficiencias ofensivas y el pobre despliegue táctico de la Azul fue manifiesta. En el centro la cancha sin nadie que hiciera sombra en marca, y tampoco quien tocará el violín, Jort Van Der Sande se endiosó, movió la pelota y bajó «el óle, óle» de la afición como severo castigo a los suyos.
Al final, en ofensiva la Azul perdonó otra ocasión en la cabeza de Rafa Tejada, al 82′, pero Styven Vásquez salvó la noche con el 1-0 al 83′ luego de un centro de Santos Ortiz. Eso sí, el gol no alcanzó para quemar cohetes de vara.







