El Salvador fue la nación de más rápido crecimiento en el Índice Global de Poder Blando realizado por la consultora independiente Brand Finance: escaló 35 posiciones en la lista de 2025, hasta el lugar 85, con 3.2 de aumento en su calificación.
El éxito de El Salvador en el Índice del Brand Finance tiene nombre: Nayib Bukele. El presidente ha implementado una estrategia de «soft power» basada en medidas audaces y decididas, como ha sido la implementación del Plan Control Territorial y el régimen de excepción para conquistar la paz en el país y convertirlo en la nación más segura del hemisferio occidental.
Pero no solo eso. Además, ha logrado que El Salvador sea parte de tendencias globales más allá de la seguridad, pues también hay una alta percepción positiva del país en cuanto a adopción de tecnología, como fue convertirse en el primer país del mundo en adoptar el bitcóin como moneda de curso legal, lo cual atrajo a inversionistas y entusiastas de la criptomoneda más segura del planeta. A esto se suma el acuerdo con Google, que estableció en el país su base de operaciones para la región, además de los planes para disponer de un propio cable submarino para aumentar el ancho de banda en el territorio, un punto vital para adquirir servicios que requieren conectividad 5G y superior.
Este informe también reconoce el «liderazgo transformativo» del presidente Bukele, que ha logrado mayor reconocimiento para El Salvador. Esta transformación radical conlleva la superación de un pasado doloroso, lleno de miseria, corrupción y crimen, por un presente más próspero, en paz y con mayores oportunidades de desarrollo.
Gracias a ello, el pueblo salvadoreño le ha apoyado sólidamente, al punto de obtener el 85 % de los votos en la última elección, consolidando con ello su programa de cambios.
El haber puesto a los ciudadanos al centro de las políticas de Estado permitió pacificar el país, pero generó un enfrentamiento con ONG y organismos internacionales que, bajo el pretexto de cumplir con los derechos humanos, solo defienden a los delincuentes, poniendo en riesgo a la sociedad misma, como quedó de manifiesto recientemente en Connecticut, donde el sistema judicial puso en libertad a un asesino que canibalizó a su víctima, pero que para los expertos es una persona que se ha «rehabilitado». El presidente Bukele consideró que el Estado de Connecticut les falló a sus ciudadanos porque no garantiza el derecho fundamental no solo a la vida, sino «a no ser destrozado y comido».







