En menos de 24 horas, Tegucigalpa, la capital de Honduras, sufrió dos masacres. En una de estas, los cadáveres de cuatro personas, entre ellas un menor de edad, fueron encontrados en un contenedor de basura. Tres horas después hubo un triple homicidio en otro punto de la ciudad. Los crímenes involucran a sicarios y a pandilleros, la principal fuente de inseguridad en el país.
En menos de dos meses, los hondureños han sido testigos del horror de 10 asesinatos múltiples. En Costa Rica, los crímenes violentos cometidos por sicarios de los carteles del narcotráfico han sido los responsables de llevar luto y dolor a millares de familias, lo que ha dinamitado la reputación de ser un país seguro.
También Guatemala vive una ola de inseguridad, que se ha llevado incluso a funcionarios, como el alcalde de Chuarrancho, o a figuras públicas, como el exjugador de fútbol convertido en director técnico Julio Ariz «el Loco» Leiva, asesinado de 15 tiros horas antes de un partido.
En contraposición, el presidente Nayib Bukele ha hecho de El Salvador el país más seguro del hemisferio occidental. Cada vez son más comunes los días en los que no hay homicidios, un hecho impensable durante la administración del segundo presidente del FMLN, el prófugo por corrupción Salvador Sánchez Cerén, que fue incapaz de lograr un solo día sin violencia.
En lugar de enfrentar los problemas de raíz, el FMLN, como lo había hecho antes ARENA, prefirió pactar con los criminales y negociar la vida de los ciudadanos a cambio de dádivas y favores electorales.
Ayer la Asamblea Legislativa volvió a votar para la vigencia del régimen de excepción, el mecanismo legal que permite mantener activa y efectiva la guerra contra las pandillas. Gracias a estas disposiciones, tanto las autoridades de Seguridad Pública como la Fiscalía General de la República y el Órgano Judicial han detenido, procesado y enviado a prisión a más de 86,000 integrantes de las maras y sus colaboradores.
Solo a través del esfuerzo coordinado de todas las fuerzas del Estado y el verdadero compromiso con la vida y seguridad de los ciudadanos es que se puede enfrentar a lacras como las pandillas. El Salvador es un ejemplo mundial y un referente de lo que se logra cuando se combate de frente a los criminales. Además, es un recordatorio de que esta guerra no puede desmontarse ni bajar la guardia. Es un esfuerzo permanente por la paz y la tranquilidad.






