La educación superior enfrenta una transformación sin precedentes impulsada por el más importante avance tecnológico de todos los tiempos: la inteligencia artificial (IA). Ni la computación, ni el internet ni las redes sociales tuvieron tanta trascendencia en la educación superior como lo tendrá la inteligencia artificial.
El panorama se complejiza aún más si en el análisis de los procesos de enseñanza-aprendizaje mediados por la IA se incorpora el punto de vista neurocientífico. Las neurociencias nos dicen que nuestra capacidad de computación biológica no podrá competir con la capacidad de computación neuronal-digital.
Así, la IA nos sorprendió con Chat-GPT de Open-IA en 2022, que operaba con 34,000 servidores y una red neuronal de 175,000 millones de parámetros. En enero de 2025 la firma XAI está entrenando un «generador de lenguaje» con 100,000 servidores y 1 billón de parámetros. Mientras el cerebro biológico no puede aumentar el número de neuronas, ni desarrollar más redes neuronales, la capacidad de cómputo de las redes neuronales-digitales crece exponencialmente.
Y aún hay más. Hoy no solo se depende de datos preentrenados con ChatGPT, es decir, de obtener datos, ideas, lineamientos; hoy existe la inteligencia artificial razonada y consciente capaz de procesar información, analizarla y llegar a conclusiones, y a tomar decisiones lógicas. La inteligencia artificial razonada y consciente tiene: 1) capacidad de inferencia, 2) pensamiento lógico, 3) adaptabilidad contextual, 4) justificación de decisiones.
Los pedagogos y los didactas formados en neurociencias (neurocientíficos cognitivos) que se esforzaban por hacer que el cerebro aprendiera más eficaz, eficiente y efectivamente están asombrados con la extrema facilidad con la que aprenden las redes neuronales. Hoy están aprendiendo de la IA y enseñándole a la IA.
La IA ha revolucionado la forma en que se accede y procesa la información. Su capacidad para personalizar el aprendizaje a través de algoritmos adaptativos permite que los estudiantes avancen a su propio ritmo, optimizando la retención y comprensión de conocimientos. Se potencializa el uso de la IA cuando su aplicación se fundamenta en principios neurocientíficos que explican cómo el cerebro aprende, procesa, almacena y recuerda o evoca la información para resolver una necesidad, razonar y tomardecisiones, y al adaptar las metodologías formativas a esos procesos fisiológicos se genera aprendizaje más efectivo y alineado con las necesidades cognitivas de cada estudiante.
¿Cuál es el rol del docente convencional ante un «ente» con capacidad de inteligencia artificial razonada y consciente?, ¿en qué nos debemos enfocar las universidades? Redefinir las metodologías de enseñanza-aprendizaje diseñándolas acorde a esos desarrollos y avances tecnológicos ycientíficos y además considerar a las neurociencias como un elemento fundamental para propiciar conocimientos más significativos y adaptables, al considerar el funcionamiento cerebral, la conectividad neuronal y los estilos de aprendizaje individuales.
La clave del éxito en esta transición radica en la actitud del docente, quien debe incorporar la IA en sus estrategias de enseñanza para preparar a los futuros profesionales en su buen uso técnico y ético dentro del ámbito laboral y también para que la utilice para su propia actualización y mejorar su eficiencia. Se debe brindar la oportunidad de interactuar con estas tecnologías desde la etapa formativa y eso demanda docentes capacitados. Se da lo que se tiene, y en la medida en la que el docente universitario conoce y aplica, facilita y promueve prácticas profesionales integrales, de esta manera, los futuros profesionales estarán mejor preparados para afrontar los retos de la transformación digital en sus respectivas profesiones.
El papel del docente en la era de la IA no es el de un simple transmisor de conocimientos, sino el de un facilitador del aprendizaje que guía a los estudiantes en el uso de herramientas tecnológicas para aplicarlas en el ámbito laboral. Es fundamental que los docentes adopten una actitud proactiva,capacitándose en el uso de la IA e incorporándola en sus metodologías de enseñanza. Esto les permitirá diseñar experiencias de aprendizaje más dinámicas, basadas en la resolución de problemas, la creatividad y la experimentación.
La IA no debe verse como una amenaza, sino como una oportunidad para potenciar la eficiencia, la actualización del conocimiento y facilitar la capacidad de análisis en cualquier disciplina.
Conclusión: no es posible entender la educación superior del futuro sin hacer converger la IA con las neurociencias.




