«El país ha dejado de ser “woke”». Esa fue una de las expresiones de Donald Trump en su primer discurso ante el Congreso de la nación, mediante la cual dejó claro que pondría fin a las erradas políticas de género y diversidad promovidas por gente afín a esas raras ideas, apoyadas por la anterior administración.
Y es que vinculándose a movimientos como el «wokismo» fue la forma sutil con que la izquierda se coló en la sociedad norteamericana, al punto de permear el mismísimo Gobierno, e intentar, desde allí, imponer su nefasta y degradante ideología «progre». Tan inclinadas estaban las altas esferas políticas hacia esa oscura agenda que incluso la misma USAID, creada para una finalidad distinta, hizo llegar millones de dólares a entidades que la abanderan.
Ese anuncio, en específico, del presidente Trump es motivo de satisfacción, pues esa controversial agenda, doctrina, o como se le quiera llamar, muestra un claro desprecio a la moral y a la familia tal como la conocemos, así como un irrespeto a la integridad de nuestros niños; eso estando incluso en el vientre materno, pues en su visión simplista de las cosas consideran que una mujer embarazada debería poder, cuando se le plazca y sin que eso tenga ninguna repercusión, ir a una clínica abortista y sacarse el feto que lleva dentro; algo que debería ser, según ellos, tan fácil como cuando va al salón de belleza a cortarse las uñas y el pelo.
Es ese «wokismo» el que hizo creer en Estados Unidos que incluso el pernicioso acto de robar era algo que no debía ser evitado o castigado, llegando al colmo de permitir el saqueo de los negocios, siempre y cuando lo sustraído no superara cierto monto. Es una aberración real de lo moral y lo correcto, así como también una negación al derecho que tiene la gente de emprender y trabajar sin el riesgo de perder sus bienes o que su integridad esté amenazada.
Considerando lo dicho en el párrafo anterior, y por aquello de que «en río revuelto ganancia de pescadores», se puede decir que los izquierdistas en su versión «wokista» promueven el caos, de ahí que la administración anterior haya inventado motivos para apoyar y alargar la guerra en Ucrania, pues es en medio de la anarquía y del alboroto donde muchos aprovechan para hacer cierto tipo de negocios y donde la gente quita la mirada de los problemas que más le atañen.
El haberse inclinado hacia el «wokismo» es considerada la razón principal del descalabro demócrata en las pasadas elecciones, lo que se traduce también como una derrota para todos aquellos a quienes auspiciaban, pues dejaron de percibir los fondos que por tanto tiempo ese Gobierno les hizo llegar.
Es de notar también que cuando el presidente Trump hizo el anuncio que aquí se destaca ya había un antecedente. Y es que fue, precisamente, el presidente Bukele quien, al ser abordado en aquel evento del CPAC, dejó claro que no permitiría en las escuelas y en las dependencias gubernamentales de nuestro país la promoción o aplicación de ninguna política de género, lenguaje inclusivo u otra manifestación proveniente de esa torcida ideología; después le siguió el presidente de Argentina con una medida similar.





